Podría decirse sin temor a exageración que todos los que siguieron en la Capital de la republica los asuntos políticos dominicanos entre 1960 y 1990 saben quién fue Francisco Carvajal Martínez.
Se hizo popular al final de la Era de Trujillo (1930-1961) como miembro del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, se asiló en la Embajada de Brasil el 24 de febrero de 1960 como parte de un grupo opositor y regresó al país el 3 de agosto de 1961, incorporándose a la organización que lideraba Manolo Tavarez Justo, en la que actuó de manera destacada en esa etapa post dictadura.
En los años posteriores descolló como abogado y se hizo sentir con frecuentes declaraciones sobre la situación política nacional. Pero captó más simpatía popular por sus comparecencias televisivas en la década del 80 en las que blandía una fusta y reflejaba excelente cultura, amplio conocimiento de la historia dominicana y empleo de un lenguaje con puro sabor pueblerino que a veces lo hacía parecer comediante.
La gran pregunta es: por qué, desde niño, le decían Bueyón ?. El mismo arrojó luz sobre el tema en una amena entrevista en 1988.
Resulta que el área contigua a la estatua de Montesinos, donde se juntan la avenida George Washington y la llamada Avenida del Puerto, en la Capital, era conocida hace mucho tiempo como La Playita. Nos referimos a la zona donde están las instalaciones de Aduanas frente a la cual atraca el ferry que va a Puerto Rico.

Un día efectuaban un partido de beisbol dos equipos juveniles de Ciudad Nueva, uno de los cuales tenía a Carvajal Martínez como receptor. Avanzado el juego un corredor del equipo contrario a Carvajal corrió impetuoso de tercera base a home y se tiró frente al cátcher. Carvajal le hizo out, pero el corredor -que tenía zapatos con clavos- le hirió en la rodilla. Y se armó la de Troya.
Carvajal contó que se enfrascó en una pelea con el corredor y le dio “siete caretazos”. Pero un hermano del golpeado salió en su defensa y Carvajal aseguró que “los cogí a los dos y golpee la cabeza de uno contra la del otro y estuve al punto de tirarlos al agua donde confluye el rio Ozama con el mar”.
Un hombre de edad que veía el juego dijo: “ah, pero es un bueyón”. Y el apodo se le quedó a Carvajal hasta su muerte el 11 de febrero de 1990.
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