¿Por qué he de alabar cuando estoy en sufrimiento o tribulación? Las penas, sufrimientos y tribulaciones, son las llamas que refinan el oro espiritual.
El ser humano es tierra, es polvo, pero él, no lo tiene presente. Si lo quieres ver desde otro ángulo, eres lo que comes y lo que comes no es más que tierra transformada. Como creación tienes espíritu de Dios, pero olvidas que sólo tienes ese espíritu divino en calidad de préstamo por lo finito que eres. Tu espíritu es acreencia Dios, Él es el dueño y no ha renunciado a recuperarlo.
“Vivimos “una eternidad de ausencia del mundo material, pues el Señor te tiene en sus planes una eternidad antes de que llegaras al vientre de tu madre. Con tu nacimiento rompes la barrera de la eternidad de ausencia, permaneces aquí, en comparación con la eternidad continua, milésimas de segundos, para sumergirte nuevamente en una eternidad de ausencia (eternidad concebida desde la humanidad, por supuesto).
Tendrás que hacer una pausa de reflexión para que me puedas entender, pero bien… No es el tema.
¿Por qué he de alabar en tribulación? Cuando tocamos fondo no tenemos distractores superfluos, somos nosotros mismos. Estamos en el fondo y no hay para donde seguir bajando; según nuestra visión o interpretación de esas circunstancias.
Un cáncer; nuestro o para los nuestros, una enfermedad catastrófica, una ruina económica inminente, una celda preparada para ser nuestro hogar por cualquier tiempo, puede ser, si le das la vuelta, la mejor bendición recibida.
¡Si es así, no la quiero, está loco este tipo!, ¡Te la doy a ti!, dirías…, Yo tampoco quisiera esas circunstancias en mi vida, por eso trato de acercarme a Dios cada madrugada, cada mañana, durante el día y en cada circunstancia, para no alejarme de Él, a tal punto que tenga que permitir en mí, esas circunstancias para que bajando mi rostro lo pueda elevar al cielo.
Y, aun así, no estaré exento de que el Señor permita la prueba, porque si presumo de mi firmeza espiritual, el enemigo tiene licencia para tentación, o si no; échale una miradita a Job.
Si en cada una de mis circunstancias veo a Dios obrando y doy gloria y alabanza, esas circunstancias aun llevándome a la muerte, a la ruina o a la cárcel con ellas, me acercaran más a Dios, si lo veo siempre obrando a mi lado.
Si lo veo así, tendré la seguridad de que de este torbellino de fatalidad surgirá el oro refinado de mi vida espiritual que me acompañará esa eternidad y en esta “efimeridad” me elevará como flor de loto sobre el lodo por el que transito.
¡Ah…! Si eres de los que crees que Dios no existe porque materialmente no puedes verlo. Te daré una fórmula para que lo aprecies en estos momentos; si quieres hacerlo, tapa tu nariz un minuto, no respires y luego trata de valorar el oxígeno que estando contigo en abundancia, nunca le has prestado atención. Hasta la próxima, si nuestras circunstancias lo permiten. ¡Bendiciones!
Como instrumento…

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