La mayoría de los periodistas que iniciamos carrera en los años 70s y 80s nunca ocultamos nuestra militancia o simpatías políticas, pero es de justicia decir que esas adhesiones no afectaron el desempeño ético en la mayoría de esos profesionales.
En ese tiempo los periódicos podrían definirse por su línea editorial en liberales, como El Nacional, La Noticia, Ultima Hora, El Sol, Nuevo Diario y conservadores, como El Caribe, Listín Diario y La Información, aunque en esos medios laboraban ejecutivos y reporteros con inclinaciones de izquierda o social demócrata.
Reporteros de todas las tendencias partidarias e ideológicas compartíamos en las redacciones de Noti-Tiempo, Noticiario Popular, Radio Mil Informando, Noticiario Cristal, Radio Reloj Nacional, entre otros noticiarios radiales, sin desmedro del cumplimiento de nuestra obligación de informar de manera objetiva y diligente.
He estado por más de 40 años vinculado con redacciones de prensa, en las cuales antes se discutía todos los días sobre política sin que los contertulios sufrieran algún tipo de represión o exclusión por sus ideas, en razón de que los ejecutivos confiaban en la integridad profesional de sus subordinados.
Es obvio que una minoría de colegas cayó o pudo caer en la degradación profesional, pero la mayoría mantuvo en alto estándares de deontología profesional, aunque siempre rechazó una imparcialidad basada en restricciones de derechos constitucionales como el de expresarse libremente sobre cuestiones políticas, sin menoscabo del ejercicio profesional.
Se admite también que a no pocos periodistas se les bloqueó ingreso a redacciones de prensa a causa de su militancia política y otros no pudieron escalar posiciones jerárquicas por esas mismas razones, sin que directivos de esos medios pudieran sustentar esas acciones represivas en razones profesionales.
A integrantes de esa generación de reporteros le ha tocado todavía hoy dirigir importantes medios de comunicación en los ámbitos de prensa escrita, televisión, radio y redes, sin que en la mayoría de los casos se les involucre en conciliábulos corporativos, grupales o políticos para desvirtuar el ejercicio periodístico.
Debo admitir que algunos tomaron el camino de Judas, pero la mayoría, siguió las sendas de Pedro o de Pablo, lo que quiere decir que se recuperaron de debilidades éticas o retornaron a la claridad democrática, después de pernoctar en el oscurantismo político.
La tecnología matiza hoy el ejercicio del periodismo en un mundo convertido en aldea global, donde el reportero compite con robots mediáticos dirigidos a control remoto para tergiversan la realidad objetiva en pretensión de alinearla a intereses de sus patrocinadores.
La democracia ganaría mucho si logran confluir lo mejor de la cantera de nuevos profesionales de la comunicación con la reciedumbre de viejos maestros del periodismo y el espíritu contestatario de generaciones intermedias, que nunca rehuyeron a su obligación de luchar por una sociedad libre y justa.


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