Sin libertad de expresión y libertad económica, los pueblos son víctimas de los desmanes del poder, se deshumanizan y finalmente se rebelan. El colapso del sistema financiero mundial, la desmoralización de los bancos, el hurto programado de las cuentas de sus asociados, les ha convertido en instituciones no confiables. La palabra de un caballero del siglo XIX equivalía a un cuño que se estampara, ahora en el XXI, las escrituras se han convertido en verdaderos litigios, la letra microscópica abunda, la que provoca el engaño, la quiebra de las reglas. El término criptografía emerge del pasado, del griego criptos, o sistema de claves ocultas, confidenciales. Mediante una dirección electrónica donde guardar ahorros se puede realizar un pago a otra dirección, sin que el paternalismo rapaz del sistema financiero, sus bancos, tengan que ver en el asunto. Lo que se conoce por Bitcoin, moneda criptográfica o modo anónimo de que los bancos no roben el dinero, ni le secuestren las cuentas a sus asociados. ¡Cuidado! El asunto se cuaja de innumerables peligros que tienen que ver, no con la deshonestidad de los bancos, que todos conocemos, sino con los depredadores cibernéticos. El dinero criptográfico ha generado a sus precursores desorbitantes ganancias, como el joven que invirtió 20 euros en 50,000 bitcoins y le produjeron 650,000 euros. Tal sistema de claves ocultas ya los tramposos le han no sólo detectado, sino burlado. Volvemos a la fiebre del oro, a los tiempos de la Olla de Plauto, que el viejo avaro guardaba y terminó en manos de los ladrones. Darwin resucita, el más fuerte doblega al más débil, el más taimado viola las leyes de la convivencia mediante un proceso de selección natural donde el espermatozoide dominante tras una guerra fratricida, germina al óvulo y nos crea a imagen y semejanza de nosotros mismos, de modo que volvamos a las mismas sacrílegas injusticias, desenfrenos y resbalones. De acuerdo a la teoría del eterno retorno del sabio Frederick Nietsche, nos enfrentamos a la alternativa psicológica del regreso al trueque o intercambio de mercancías de los tiempos en que no existía el dinero. Los poderosos doblegan a los menesterosos hasta verles hincar de rodillas, les colocan trampas de crédito económico, de modo que se conviertan en sus esclavos tras una guerra persecutoria donde los poderosos persiguen hasta la propia muerte a sus víctimas, lo que llamaremos, la guerra despiadada de la pérdida de la libertad económica mediante la práctica del préstamos basado en la usura y la degradación de la personalidad ajena. Los criminales incriminan a sus esclavos eonómicos y los arrastran al redil de sus ganancias. Lo que deben ofrecer de modo gratuito, lo venden a precio de muerte psicológica, como los préstamos de estudio, deudas de hospitales, préstamos usureros a países en vías de frustración.
Pérdida de la libertad económica
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