En la política, en el ajedrez; así, como todo en la vida. Unos van delante y otros van detrás.
La insistencia advenediza de muchos por ser embajadores de todo lo que sea desfavorable para las mayorías pero que es beneficioso para ellos, los ha catalogado como “los peones del mal”.
El ajedrecista ruso, Alexander Alekhine, campeón mundial y que murió en posesión del título decía que “para competir en Ajedrez es preciso, ante todo, conocer la naturaleza humana y comprender la psicología del contrario”.
La naturaleza de esas personas que tienen como único horizonte visual sus intereses, es, nunca hacer causa común con los intereses de la sociedad. La cual representa los intereses de las mayorías.
La psicología de los peones del mal es desdeñosa. Restan importancia al lugar que ocuparán en la historia por sus acciones maquiavélicas. Sus planteamientos siempre causan crispación porque muestran una necesidad imperiosa por destacar y justificar lo que a la vista de todos se ve que está mal.
Al parecer no saben que son peones en el tablero; la pieza más abundante y las más sacrificada. En cada escaque que avanzan están más cerca de ser utilizadas para una estrategia que los dejara fuera del juego.


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