El lema del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), “¡Servir al Partido para servir al Pueblo!”, en su momento fue objeto de severas críticas por adversarios políticos del profesor Juan Bosch, al definirlo como consigna estalinista que promueve el colonialismo ideológico e indirectamente el culto a la personalidad.
Tales censuras fueron injustas porque el PLD de Bosch ha sido cantera de líderes y dirigentes, la mayoría de los cuales sirve a su país como obreros, maestros, académicos, técnicos, empresarios, comerciantes u honran a la diáspora dominicana en el exterior. Otros extraviaron el camino, como para justificar la regla.
El pensamiento político de Bosch y su concepción sobre el Partido están muy distantes de la teoría y praxis impulsadas por Joseph Stalin, de cuya trayectoria política y militar no se formulan juicios en este escrito, pero si es necesario señalar que uno fue héroe militar y férreo dictador y el otro un estadista, educador y humanista.
La consigna de Servir al Partido para Servir al Pueblo, fue concebida por el fundador del PLD, como juramento de cada uno de sus miembros de colocar siempre los intereses de la organización sobre los suyos y garantizar así el control de la unidad partidaria.
Hace 46 años, cuando se fundó el PLD, que la composición social dominicana estaba matizada por una oligarquía (terratenientes, banqueros, grandes comerciantes importadores, asociados con multinacionales), una imperceptible burguesía y una pequeña burguesía urbana y rural.
Esa es la razón por la cual el PLD no se erigió a la sombra corrientes ideológicas que decían representar al proletariado, sino sobre un propósito de liberación nacional que fue el de completar la obra inconclusa de Juan Pablo Duarte, por lo que la unidad interna descansaba en un código político que don juan bautizó como Métodos de Trabajo.
Para poder alcanzar la membresía en el PLD se requería estudiar y unificar criterios sobre 21 folletos que abordaban temas políticos, históricos, sociológicos, de geo política y hasta de la historia de Haití, pero también el aspirante tenía que conformar y dirigir un Comité Patriótico y Popular.
Es verdad que el partido morado ha cambiado mucho, como el rio caudaloso que renueva sus aguas en cada instante, pero se supone que las virtudes políticas primigenias alentadas y promovidas por Juan Bosch deberían prevalecer, aun adaptada al momento históricamente determinado.
El Partido de la Liberación Dominicana debería estar en capacidad y voluntad de afrontar y resolver la crisis política y electoral que afecta a la organización y a su gobierno, para lo cual solo se requiere aplicar a pie de letra las enseñanzas de Juan Bosch, que se resumen en la consigna de servir al Partido para servir al pueblo.


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