PUERTO PLATA.- El Gobierno de la República Dominicana comienza este jueves a ayudar a miles de familias afectadas por inundaciones en esta provincia.
Tras un recorrido por zonas afectadas, el presidente Luis Abinader anunció que a partir de este 26 de diciembre todas las instituciones del Gobierno estarán en la provincia para realizar los trabajos y coordinar soluciones inmediatas junto a autoridades locales y representantes gubernamentales.
“Estamos movilizando todos los equipos necesarios para despejar carreteras, garantizar el tránsito y restablecer la normalidad en las comunidades afectadas”, aseguró.
Abinader escucha a personas afectadas.
REUNION CON AUTORIDADES LOCALES Y LEGISLADORES
El Jefe de Estado se reunió en la Gobernación con las principales autoridades, acompañado del ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza; la directora del Plan de Asistencia Social de la Presidencia, Yadira Henríquez; la senadora Ginette Bournigal, la gobernadora Claritza Rochtte así como legisladores, alcaldes, viceministros y organismos de socorro.
En este encuentro fueron delineadas estrategias para rehabilitar infraestructuras obstruidas por deslizamientos ye suministrar raciones alimenticias crudas y cocidas.
El Presidente observa una de las viviendas inundadas.
FONDOS ECONÓMICOS PARA ALCALDIAS
El Presidente también dispuso fondos económicos para los ayuntamientos a fin de dar respuestas a las necesidades más urgentes.
Señaló que en los últimos 50 días Puerto Plata ha recibido precipitaciones equivalentes a un año de lluvias, lo que ha generado deslizamientos de tierra, obstrucciones de vías y otros daños significativos.
Entre las áreas priorizadas mencionó Sosúa, Cabarete y Sabaneta de Yásica a las cuales el Gobierno llevará los planes de asistencia social.
La vellonera -ese artefacto panzudo que llevó la música a todos los rincones como autoservicio- fue una pieza clave de la cultura popular de los años 50 del siglo XX.
La de Mañiñí González -regordete, cabeza de huevo y rostro bonachón-, situada en su colmado bar, frente al parque Abreu de San Carlos, atrajo a varias generaciones que destilaron su pasión musical consumiendo penas y alegrías junto a unas cuantas cervezas, un pote de ron o simplemente un refresco colorao. Almacenando, de paso, un valioso inventario en el disco duro que es la memoria.
Desde niño, al igual que el cine, la radio, el tocadiscos y la televisión, la magia de las Wurlitzers ejerció una fascinación que aún hoy me atrapa. En el balneario El Chorro, en la placidez climatizada de Constanza junto a mi familia, en el chopocrático y bullanguero dancing de Güibia, donde me llevaba el primo Pacho Sardá, en cabarés de mala muerte y en bares restaurantes con aire acondicionado, el objetivo era uno. Meter los chavitos en esa máquina maravillosa que complacía mis peticiones musicales predilectas.
Junto al amigo de infancia Güigüí Pérez, emprendimos un ejercicio de arqueología de la memoria en el Piano Bar del Club Naco -verdadero refugio de sancarleños sobrevivientes- para reconstruir la despensa musical del colmado bar Mañiñí en los años 50 e inicios de los 60. He aquí los hallazgos.
Discos de moda
Introduciendo una modesta moneda de cinco centavos (vellón) y pulsando una letra y un número en el tablero alfanumérico del artefacto, se podía escuchar a Lucho Gatica, la voz romántica del momento, cantando boleros como La Barca y El Reloj de Roberto Cantoral, No me platiques más de Álvaro Carrillo, Encadenados de Briz y Las muchachas de la Plaza España, recreación encantada de una Roma primaveral. O retornar al inmortal Carlos Gardel rodando Cuesta abajo y añorando Volver, anhelante en El día que me quieras y nostálgico pleno en Mi Buenos Aires querido.
Con fondo de vibrante mariachi, Jorge Negrete dispensaba Paloma Querida, Ay Jalisco no te rajes, La Valentina, Cocula y México lindo y querido. Serenateaba con Despierta y Flor de Azalea, reforzado por las cuerdas y voces del Trío Calaveras. Pedro Infante, el otro «gallo cantor» de dulce timbre y simpatía sin par, nos envolvía en el clima evocativo de Cien años («Pasaste a mi lado/ con gran indiferencia/ Tus ojos ni siquiera/voltearon hacia mí/ Te vi sin que me vieras/Te hablé sin que me oyeras/ Y toda mi amargura/ se ahogó dentro de mí»). Para exclamar suplicante Deja que salga la luna, Bésame mucho, Tú y las nubes («me vuelven loco»), y agonizar por un amor dorado en Un mundo raro. Cuco Sánchez, desgarrado, aportaba Tres corazones y la nada confortable Cama de piedra que entonábamos los muchachos del barrio.
La Novia de América, Libertad Lamarque, mantenía en el ventrudo repertorio de esta vellonera Caminito y Quiéreme mucho, ambos temas del cantar doméstico de Fefita. Y el flaco Agustín Lara, con su característico quejido quebrado, sembraba su estampa autoral con Solamente una vez, Amor de mis amores, Noche de ronda, Farolito, Rival, Naufragio y Noche Criolla: «Noche tibia y callada de Veracruz/ Canto de pescadores que arrulla el mar».
En el pregón de Alberto Beltrán aparecían en la vellonera de Mañiñí sus hits con la Sonora Matancera, Aunque me cueste la vida de Luis Kalaff, Ven de Sánchez Acosta, El 19 de Reyes Alfau, Todo me gusta de ti de Cuto Estévezy El Negrito del Batey de Héctor J. Díaz y M. Guzmán. Leo Marini figuraba con Caribe Soy, Tristeza marina, Canción del dolor, Maringá, mientras Celio González lo hacía con Amor sin esperanza de Kalaff. La voz sedosa inigualable de Barbarito Diez brindaba Junto al palmar y Las perlas de tu boca, con el respaldo orquestal de Antonio María Romeu. La respetada big band del borinqueño Rafael Muñoz ponía su sello distintivo, cantando José Luis Moneró las composiciones emblemáticas Prisionero del Mar y Niebla del Riachuelo.
EL AUTOR es sociólogo y comunicador. Reside en Santo Domingo.
El Inquieto Anacobero, Daniel Santos, entonaba Dos gardenias, Virgen de Medianoche y el cancionero de su descubridor Pedro Flores: Perdón, Vengo a decir adiós a los muchachos (Despedida), y Obsesión. El portorriqueño Johnny Albino y su Trío San Juan fraseaban Siete notas de amor («Do quieras que tú vayas y te acuerdes de mí») y la envolvente La Hiedra. Armando Vega desgajaba Acuérdate y Vanidad.
Una voz acariciante, la de Lope Balaguer, colocaba en esta oferta lo mejor de la bolerística criolla: Peregrina sin amor, Arenas del desierto, Ven, Mi gloria. Entonces, en un desfile de éxitos, la vellonera vibraba con las cuerdas requintadas y las voces acopladas de Los Panchos: Sin un amor, Amorcito corazón (tema fecundado por Pedro Infante), Una copa más, Un siglo de ausencia, Caminemos, Sin ti, y Dilema, de Juan Lockward. Los Tres Ases ejecutaban Sabrá Dios, Delirio, Tú me acostumbraste, Historia de un amor y Los Tres Reyes se debatían entre el dilemático Triángulo.
La mujer expresaba su queja honda en la voz melosa y jarocha de Toña la Negra cantando Salomé, Cenizas, Amor perdido y Pesar (de nuestro Bullumba Landestoy), o auxiliaba su defensa con Virginia López en Espinita («Suave que me estás matando/ que estás acabando con mi juventud») y Ya la pagarás. Representada por la cubana Blanca Rosa Gil, Toda una vida y Celos que matan y la boricua Blanca Iris Villafañe, Besos callejeros, Con el sentimiento herido. Y con la entereza brava de Olga Guillot (mi autodeclarada «novia oficial» en el Congreso del Bolero del Centro León), los retadores Miénteme, Voy, Cría Cuervos, y La noche de anoche (de la que surgió Olga María fecundada por René Touzet).
Romanticismo
El romanticismo idílico almacenado en el artefacto sonoro descansaba en voces como las de Alfredo Sadel (Nocturnal, Perfidia, Aquellos ojos verdes), Fernando Fernández (Carita de Ángel, Viajera, Candilejas), Vicentino Valdés (Los aretes de la luna, La montaña), Antonio Prieto (La Novia, Son rumores) y Daniel Riolobos (Tres palabras). El bolero ranchera tuvo su boom con Javier Solís (Y, Cenizas, Vendaval sin rumbo, Sombras). El Indio Araucano alcanzó su momento con Te odio y te quiero, y Batelera (aquella moza que no quería soltar el remo). Los chilenos Hermanos Silva, Yo vendo unos ojos negros. Rafael Vásquez, ajeno a las cláusulas pétreas y al constitucionalismo cerrajero, interpretaba El Candado y Claro de luna.
El boliviano Raúl Shaw Moreno colocaba Cuando tú me quieras, cuyo sencillo regalé esperanzado a un proyecto de ternura frustrado. El acicalado Nat King Cole, en lanzamiento exitoso en español, decantaba Ansiedad, Cachita y Quizás, quizás. Roberto Ledesma, empeñado en promover el ramo de la construcción, pegaba La Pared y Camino del puente. Lino Borges se debatía meloso entre Morir soñando y disfrutar una Vida consentida. Marco Antonio Muñiz, el genial azteca que aun habita entre los vivos que lo admiramos, nos insuflaba bríos con Adelante, Amor sin ley y Escándalo.
El versátil director y cantante Benny Moré aportaba Cómo fue, Maracaibo Oriental, Pachito Eché, Mucho corazón, Me acompañarás y Dónde estabas tú («Te llevaste los cueros, el quinto y el tres/ Y por tu culpa suspendimos el bembé»). Mientras que de la inmensa guarachera de Cuba Celia Cruz, se descargaba Juancito Trucupey, Burundanga, El Hombre Marinero y Pinar del Río. Xiomara Alfaro se las pasaba Moliendo café y llamando a Facundo, mientras el dueto Celina y Reutilio afirmaba que Yo soy el punto cubano e invocaba a Santa Bárbara bendita.
En este repertorio cubanísimo, el conguero y cantante Miguelito Valdés, con la orquesta del catalán Xavier Cugat, se montaba en el tema santero Babalú. Los populares Matamoros brindaban boleros y sones como Lágrimas negras, Son de la loma, la canción El Morro Castle y los rítmicos La mujer de Antonio y El que siembra su maíz. El Guapachoso Rolando Laserie, timbalero salido de la Banda Grande de Benny Moré, ya lanzado a solista: Las cuarenta («Con el pucho de la vida apretao entre los labios, /la mirada turbia y fría, un poco lento el andar»), Hola soledad, Sabor a nada, Río Manzanares y Amalia Batista. El colombiano Nelson Pinedo con la Sonora, El Muñeco de la Ciudad, Me voy pa’la Habana y Bésame morenita. Bienvenido Granda, bautizado «El Bigote que Canta», Angustia y A la orilla del mar. Panchito Riset, con su singular gorjeo quebrado, Melancolía, Háblame claro, El cuartito, Si te contara. ¡Pura cubanía!
España
Desde España llegaban Los Churumbeles con No te puedo querer, Abril en Portugal («Canción sentimental/ que me hace recordar/ aquel abril en Portugal»), Camino verde y Lisboa antigua. Juan Legido, llamado «El Gitano Señorón», nos deleitaba con Dos Cruces, Doce cascabeles, Dónde estás corazón y Limosna de Amores. Luis Mariano, Violeta imperial, Olé torero y Granada. Con refuerzo cinematográfico de gran taquilla proyectado desde el teatro Independencia, la seductora Sarita Montiel nos regalaba Fumando espero («al hombre que yo quiero/ tras los cristales de alegres ventanales») y La violetera («Llévelo usted señorito/que no vale más que un real/
Cómpreme usted este ramito»). Y el infante Joselito, El ruiseñor, Dónde estará mi vida y La campanera.
Otros presentes en la memorable vellonera de Mañiñí fueron Eduardo Brito, Esclavo soy, Siboney, Martha y Aquellos ojos verdes. Antonio Machín, Angelitos Negros y No me vayas a engañar. Carlos Ramírez, El Manisero. Fernando Álvarez, Bájate de esa nube. Felipe Pirela, Únicamente tú y Tarde gris. El trovador Codina, El árbol y la niña. Felipe Rodríguez («La Voz»), La cama vacía. Paquitín Soto, Se vende un corazón.
Del lar natal y la fabulosa La Voz Dominicana, Elenita Santos refrescaba el ambiente con Ritmo de Salve, Salve de las Auroras, Besarte, Cuando volveré a besarte y Melancolía. Ángel Viloria, radicado en New York como avanzada de la Gran Migración, con los magistrales jaleos saxofonísticos de Raymond García y en la voz limpia de Dioris Valladares, nos metía monte adentro con La Cruz de Palo Bonito, Loreta, El Vironay y La Maricutana. Así, la entrañable vellonera de Mañiñí, como otras que animaban los días en los barrios del país, fue verdadera escuela musical. Por un vellón, una canción.
San Juan, 26 dic.- El artista urbano dominico-puertorriqueño Ozuna anunció su película biográfica, ‘Odisea’, la cual espera que sirva «de inspiración a niños y jóvenes» para alcanzar sus sueños «y no se rindan hasta lograrlos».
«‘Odisea’ es un proyecto que trabajamos con mucha dedicación, con el objetivo de que mi historia pueda servir de inspiración a niños y jóvenes a que no paren de perseguir sus sueños y no se rindan hasta lograrlos», dijo Ozuna en un comunicado de prensa.
«Todos tenemos la capacidad de hacerlo a pesar de los obstáculos que se nos enfrenten en el camino; yo soy un vivo ejemplo de eso», afirmó Jan Carlos Ozuna, nombre de pila del artista.
El largometraje, dirigido por el galardonado cineasta español Alexis Morante -director de documentales biográficos de artistas como Alejandro Sanz y David Bisbal- es el primer proyecto que Ozuna estrenará bajo su propia casa productora, Bear with Oz Films.
Morante, por su parte, explicó que es una película «que afronta una forma de narrar novedosa para retratar la esencia de una estrella interplanetaria de la música actual que, lejos de perder sus raíces, las lleva al primer plano de una historia llena de sentimiento e inspiración».
La trama narra el recorrido de Ozuna a lo largo de una vida llena de altas y bajas -tanto en lo personal, como en su trayectoria musical- marcada por lecciones, contratiempos, superación, amor y, sobre todo, mucha humildad y perseverancia.
‘Odisea’, cuya fecha de estreno se desconoce y fue filmada en República Dominicana, Puerto Rico y Nueva York, cuenta con un guión original escrito por el dominicano David Maler y la española Almudena Ramírez (‘La Casa de Papel’, ‘Tiny, el gran cambio de violeta’).
Para Ozuna, este representa su sexto proyecto cinematográfico. Los otros son ‘Qué León’ (2018), ‘Qué Leones’ (2019), ‘Tom & Jerry Movie’ (2021), ‘F9’ (2021) y ‘Father of the Bride’ (2022).
Santo Domingo, 25 dic (EFE).- El Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 911 informó que tres personas necesitaron de atenciones en centros de salud tras un accidente de tránsito que generó una fuga de gas en el túnel de la avenida 27 de Febrero, en la capital.
El incidente, que involucró la colisión de cuatro vehículos, activó un despliegue inmediato de recursos para garantizar la seguridad en la zona.
Un total de tres personas fueron atendidas en centros médicos, donde recibieron la atención necesaria, dijo el Sistema en un comunicado.
Al lugar se presentaron cuatro unidades de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett), las cuales se encargaron de cerrar el túnel y coordinar el flujo de vehículos en los alrededores para salvaguardar a los ciudadanos mientras se atendía la emergencia, dijo el Sistema 911.
Además, el Cuerpo de Bomberos del Distrito Nacional desplegó tres unidades que trabajaron de forma «rápida» y «eficiente» para contener y corregir la fuga de gas provocada por uno de los vehículos involucrados.
Las unidades de salud también estuvieron presentes, con cuatro ambulancias de la Dirección de Servicios de Atención a Emergencias Extrahospitalarias (DAEH) en el lugar para asistir a los afectados, dos unidades de la Defensa Civil y una unidad de la Comisión Militar y Policial (Comipol).
El Sistema 911 destacó la efectiva coordinación de las unidades involucradas, logrando controlar la situación y restablecer el tránsito en el túnel en un tiempo oportuno. El túnel 27 de Febrero está abierto al tránsito y opera con normalidad.EFE
Recientemente la Embajada del Reino de España en Haití difundió una nota según la cual el 5 de diciembre de 1492 los exploradores españoles, capitaneados por Cristóbal Colón, arribaron «a las costas de Haití», «en la isla llamada posteriormente La Española». En la nota se advierte un anacronismo de topónimos y algunos datos que ameritan precisión.
Cristóbal Colón, en su Diario de navegación, consignó que el miércoles 5 de diciembre de 1492 llegó a «una isla muy grande…, que los indios llamaban Bohío«. En ninguna parte del célebre texto, Colón mencionó que los aborígenes llamaban Haití a la isla.
Fueron los cronistas Bartolomé de las Casas, Fernando González de Oviedo y Pedro Mártir de Anglería quienes registraron Quisqueya y Haití como otros dos nombres con los cuales, además de Bohío, los taínos designaban la isla. Después se agregó Babeque, que resultó ser otra isla del archipiélago antillano. Esos topónimos evidentemente tenían un significado geográfico.
El domingo 9 de diciembre, tras haber visto «las vegas más hermosas del mundo y cuasi semejables a las tierras de Castilla», Colón bautizó la isla con el nombre de «Española» (no «La Española»). Luego, en carta a los Reyes de España, el nauta genovés reiteró que los indios llamaban a la isla Bohío.
El nombre colombino de Isla Española se mantuvo hasta poco después de mediado el siglo XVII cuando el territorio comenzó a llamarse indistintamente Isla Española de Santo Domingo. Finalmente, en la siguiente centuria prevaleció el nombre de Santo Domingo para la isla entera.
Cuando los franceses ocuparon la parte occidental de la isla, abandonada por España a raíz de las devastaciones de Osorio (1605-1606), establecieron el sistema colonial de plantaciones basado en la esclavitud de más de medio millón de negros africanos. Esa colonia, que devino en la más próspera del imperio francés en América, fue conocida como Saint Domingue, nunca con el nombre de Haití.
Los esclavos negros, al proceder de diferentes etnias del continente africano, carecían de un gentilicio común con el cual identificarse como colectivo. Incluso, durante el período de la insurrección (1791-1804) y que los especialistas llaman «revolución haitiana», los negros y mulatos de Saint Domingue se consideraban «indígenas» y formaban parte del liberador «ejército indígena». Entonces, tanto el nombre de Haití como el gentilicio «haitiano» eran desconocidos.
En la Constitución de 1801, de Toussaint Louverture, no figura el topónimo Haití; en cambio, sí aparece Santo Domingo como nombre de la isla. La razón es sencilla: el vocablo taíno de Haití con el que fue bautizado el nuevo Estado que surgió de la revolución, comenzó a usarse tras la proclamación de la independencia el primero de enero de 1804.
En efecto, fue en la Constitución haitiana de 1805 cuando, por primera vez, se mencionó el «pueblo de Haití»; y en el artículo primero se consignó lo siguiente: «El pueblo que habita la isla antes denominada Santo Domingo acuerda constituirse en Estado libre, soberano e independiente de cualquier otra Potencia del universo bajo el nombre de Imperio de Haití».
Para la época del llamado descubrimiento de América, la República de Haití y la República Dominicana no existían. A fin de evitar confusión lo históricamente correcto es señalar que el 5 de diciembre de 1492 los españoles llegaron a un punto en la costa noroeste de la isla de Santo Domingo que desde 1804 pertenece a Haití.
Jiménez, de 28 años, viene de otro año plagado de lesiones en el que participó en 98 juegos divididos entre Chicago y Baltimore después de pasar los primeros cinco años y medio con los White Sox. Bateó un promedio combinado de .238 con sólo seis jonrones en 324 turnos al bat la temporada pasada.
En general, Jiménez tiene 95 jonrones en su carrera en 534 juegos, pero no ha jugado en más de 122 compromisos en una temporada debido a una lesión. Ese récord personal en juegos jugados se produjo en 2019. Desde entonces, ha aparecido en más de 100 juegos sólo una vez.
Jiménez tiene un poder inmenso (conectó 31 jonrones en su temporada de novato) y tendrá la oportunidad de recuperarse de varios años malos, ya que los Rays terminaron en el puesto 28 en jonrones la temporada pasada después de canjear a los toleteros Isaac Paredes y Randy Arozarena.
Los grandes partidos políticos de la República Dominicana se están preparando para las próximas elecciones con estrategias que prometen poner en el centro del debate a sus mejores figuras.
En el Partido Revolucionario Moderno (PRM), la visión parece clara. Dos nombres resuenan con fuerza: Carolina Mejía, actual alcaldesa del Distrito Nacional, conocida por su estilo conciliador y gestión destacada, y David Collado Morales, quien goza de un amplio respaldo gracias a su experiencia como alcalde y su papel en el desarrollo turístico del país.
Ambos representan opciones sólidas que podrían asegurar el fortalecimiento de la continuidad gubernamental.
Por otro lado, la Fuerza del Pueblo tiene un liderazgo consolidado en Leonel Fernández, quien buscará regresar al poder con la promesa de estabilidad y progreso. Junto a él, se perfila Omar Fernández, una figura joven que encarna el relevo generacional dentro del partido y que, sin duda, aporta frescura y dinamismo a la política nacional.
En cambio, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) parece mantenerse en silencio. Hasta el momento, no ha presentado una figura clara que pueda representar con fuerza su propuesta en este panorama competitivo. Este vacío deja una incógnita sobre cuál será su estrategia para enfrentar la contienda.
La reciente sentencia del Tribunal Constitucional 0788/24 ha añadido un componente interesante a esta dinámica electoral.
Ahora, los partidos están obligados a llevar en primera fila a los mejores hombres y mujeres, un mandato que exige mayor transparencia, calidad en la selección de sus candidatos y un compromiso con el fortalecimiento de la democracia.
El desafío está planteado. Los votantes observarán con atención, evaluando no solo las promesas, sino también la calidad humana y profesional de quienes aspiran a representarlos.
Esperemos que esta obligación de excelencia se traduzca en beneficios para el país y que el resultado de las próximas elecciones sea un reflejo de las mejores intenciones y capacidades de nuestra clase política.
Vivir de las apariencias y del allante, salir a las calles simulando que todo está bien, y que no se le debe un chele a nadie, es el diario vivir de más de un quintal de gente.
Dicen que cuando estás en buenas, a muchos amigos conviene
Pero sí en “cuenca” estás, ni vecinos, ni primos y ni mujeres tienes.
Pero siempre hay que tener la sonrisa y la bandera del ánimo en el tope del asta.
Caminar y jamás pensar en tirar la toalla, ni ante los reveses, ni en los momentos adversos.
Cada día trae su propio afán.
Todos andamos con nuestras mochilas a cuestas, unas más ligeras y con menos problemas que otras, pero todas encorvan las espaldas “porque cuando es mucho, hasta el algodón pesa.”
Y en éste mundo de apariencias, simulaciones y de poses fingidas, entre afectos y desafectos y amores y desamores.
Entre la salud y la enfermedad, entre la riqueza y la pobreza, entre el político y el hombre serio y de trabajo.
Entre lo real y lo imaginario, ahí, es donde reside y habita el llamado Síndrome del Pato de Stanford
Aquel Pato que tranquilo y sereno sobre las aguas deleita con su hermoso nadar, de aquí para allá, y de allá para acá, como si el viento lo empujará de un lado a otro lo llevara, a veces lento, otras rápido sinigual con destreza
Pero son sus patas, que por debajo del agua, reman sin cesar, mientras balancea y zigzaguea su cabeza como diciendo que si “siganme los buenos”
Y se mantiene a flote,con singular elegancia, sin que apenas se note y en casi nada se perciba, el esfuerzo que hace y que con sus patas realiza
Nadar es su meta para mantenerse arriba, amén de los trotes, porque simplemente de eso se trata la vida.
“Estoy un poco lastimado pero no estoy muerto. Me recostaré para sangrar un rato. Luego me levantaré a pelear de nuevo”. John Dryden.
SANTO DOMINGO.- La empresa Bello Veloz denunció que la Procuraduría General de la República se niega a devolverle el local donde funciona el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), en la avenida 27 de Febrero, del sector El Vergel, del Distrito Nacional.
Los abogados de la empresa depositaron un acto de alguacil con el número 195/2024, ante la Procuraduría intimando a la Procuradora General, Miriam Germán Brito, que disponga en desalojo de la cuarta planta del inmueble.
NO HA PAGADO EL ALQUILER DEL LOCAL DURANTE AÑOS
La empresa Bello Veloz denuncia que la Procuraduría lleva varios años que no paga las mensualidades de alquiler.
“No quieren pagar, ni quiere renegociar el contrato”, indica la empresa querellante, ubicada en los Jardines del Embajador, en el Mirador Sur.
Indica que el Inacif está ocupando ilegalmente el inmueble por lo que le exige la entrega voluntaria.
La empresa Bello Veloz está representada en este caso por su presidenta, la doctora Gracia Soraya Bello Colomé.
Pedro Henríquez Ureña, el gran humanista dominicano que muy joven fue considerado en su tierra natal como “primer hombre de las letras de la República”, llegó a México en el 1906. Fue una etapa fértil en su gran actividad intelectual, tal y como se comprueba por la calidad de los discípulos que tuvo allí.
Sólo tenía 22 años, pues había nacido en la ciudad de Santo Domingo el 29 de junio de 1884; pero ya poseía un bagaje de conocimientos que le permitió poner en práctica en la capital mexicana “toda la potencialidad de su espíritu y su ansiedad de cultura”.
Así fue porque atesoraba un alto perfil de sabio precoz. Todavía veinteañero ya era admirado en recintos culturales y académicos de República Dominicana, Cuba y los Estados Unidos. Luego desplegó su sapiencia por muchos otros lugares de América y Europa.
Desde que pisó tierra mexicana comenzó a distinguirse allí como gramático, lexicógrafo, filólogo, filósofo y crítico literario. Fue rodeado y aplaudido por un selecto grupo de intelectuales que reconocieron en él un ser excepcional, cuyos aportes lo colocaron en un lugar importante en el canon de la literatura mexicana.
La exquisitez de su espíritu superior ya era conocida. No fue un anónimo que llegó a Ciudad de México, aunque obviamente aún Jorge Luis Borges no lo había definido como “Maestro de América”.
En las hemerotecas de todo el continente americano hay revistas y gacetas, de la primera mitad del siglo pasado, que recogen detalles informativos sobre el protagonismo intelectual de Pedro Henríquez Ureña en altos centros educativos y culturales de México (y de otros lugares), donde impartió cátedras magistrales. No se limitó a esparcir sus saberes en claustros de público reducido. Al contrario, iba a diferentes foros populares.
Ensayos
En sus enjundiosos ensayos titulados Horas de Estudios (1910) yLa enseñanza de la literatura(1913), por solo citar dos de sus obras, se comprueba la amplia divulgación cultural que hizo en México (1906-1914) para contribuir al proceso entonces en desarrollo allí sobre la modernización del lenguaje. Fue declarado hijo adoptivo de ese gran país.
Es de rigor decir también que puso en práctica en aquel lugar que lo acogió generosamente durante varios años lo que con certeza escribió de él la acuciosa historiadora dominicana Flérida de Nolasco:
“Pedro Henríquez Ureña enseñaba en su cátedra que en primer lugar, antes que la cultura, debía situarse la justicia, que es virtud que en sí contiene todas la virtudes”. (Clamor de Justicia en la Española 1502-1795. P67. Editora Amigo del Hogar, 2008. Flérida de Nolasco).
Su labor en México abarcó temas variados que traspasaban el aparentemente apacible campo de la cultura. Tuvo un involucramiento en hechos que tocaban aspectos sociales y políticos.
En el 1909 animó el avivamiento del Ateneo de la Juventud Mexicana, junto con brillantes personajes como José Vasconcelos Calderón, Alfonso Reyes Ochoa, Antonio Caso Andrade y otros.
Sus artículos en el combativo periódico de la ciudad de Veracruz El Dictamen (ahora centenario) eran vistos como una guía excelente de periodismo cultural, por el uso impecable de las palabras y la profundidad reflexiva de sus pensamientos.
Por su condición de extranjero actuaba con cautela, pues no quería ni mancharse ni tiznarse. Sin embargo, publicó muchas páginas en las que resaltó todas las expresiones sociales del pueblo mexicano que conoció en una época convulsa, con su economía de capa caída, huelgas, rebeliones y una inmisericorde represión gubernamental.
Era la época en que el denominado “porfiriato” estaba en una de sus fases de mayor violencia. Ese régimen de fuerza vivía su último tramo. Después de 30 años de desgobierno lanzaba dentelladas como una fiera herida que vislumbra su final.
Pedro Henríquez Ureña fue testigo presencial cuando aquella orgía de terror concluyó con la renuncia forzada de un octogenario Porfirio Díaz cargado de achaques y su salida por el puerto de Veracruz, a bordo del buque Ypiranga, rumbo a un exilio dorado en Francia.