Durante casi 15 años, las organizaciones políticas del país han estado ‘mamoneando’, dándole vueltas, jugando al dime que direte entre ellos, en torno a la aprobación de una Ley de Partidos. Todos hablan de lo ‘necesaria’, ‘imperativa’, ‘impostergable’, ‘decisiva’ para la democracia que es esa Ley de Partidos.
Los dirigentes de los principales partidos fueron ‘en romería’ al Palacio Nacional y entregaron al presidente Danilo Medina sus propuestas para ser incluidas en la Ley de Partidos, sobre la base del borrador depositado por la Junta Central Electoral a los congresistas y del que se decía era el mejor ‘estructurado’ y ‘realista’, acorde a las expectativas de lo ‘posible’ que se estimaba sería esa legislación.
Mucho se habló de la ‘necesidad’ de una Ley de Partidos previo a las elecciones de mayo del 2016. Pero todos la ‘torpedearon’. Después vino la exigencia del ‘diálogo’ entre los cuatro ‘grandes’ con la mediación de Agripino y el empresariado. La oposición se retiró, los ‘pequeños’, actuando en pandilla demandaron un asiento pero al final no fueron ni ‘chicha que limonada’.
La oposición acusa al PLD de querer hacer una Ley de Partidos ‘a su medida’, pero ellos también, mientras los ‘pequeños’ le temen ‘como el diablo a la cruz’ porque esa ley los desnudaría como lo que son, trapecistas de coyuntura política.
Todo ha sido ‘un bulto’, como dice la gente en los barrios.
Ahora ‘todo gira’ en torno a lo que ‘decida’ el Comité Político de un PLD sobre el que se ha sembrado el fantasma de la división y se ha asegurado que quien se imponga, entre Danilo y Leonel en torno a las primarias, será el ‘jefe’, el ‘dueño’, del partido oficial. Ese Comité Político parece haberse salido de debajo de las ruedas de una patana dando una demostración de porque el PLD está en el poder.
Esos líderes del PLD, ese Comité Político, han sido más sabios que los prestidigitadores de la hecatombe al poner en manos de un grupo de abogados determinar si las primarias abiertas son constitucional o no, tomando en cuenta que una sentencia de la Suprema Corte, del 2005, así lo consignó. Lo que estos abogados determinen será la posición del PLD en el proyecto de Ley de Partidos y así ni pierde ni gana Leonel ni Danilo. La decisión será de los abogados y la Constitución.
Hago memoria de aquel diciembre, en el 2013, cuando la diputada Karen Ricardo fue a mi programa de televisión, Oye País, y decía llena de satisfacción que ya, ‘por fin’, se había consensuado el proyecto puesto en manos de una comisión bicameral especial, que ella presidía. Karen estaba embarazada y me dijo, con marcado orgullo, que ambos hijos, el de su vientre y la Ley de Partidos, nacerían casi juntos.
El varoncito de Karen nació fuerte y robusto y anda dando ‘carpeta’, con tres años ya, mientras la Ley de Partidos ‘consensuada’ en aquel tiempo, no fue más que otro aberrante aborto.


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