El 2017 fue un año caracterizado por dos elementos importantes: el ascenso de las movilizaciones populares por todo el país contra la corrupción y la impunidad y, como consecuencia, la baja en la popularidad del PLD y el gobierno, en la persona del presidente de la República.
En diversos escenarios se ha planteado lo provechoso que sería repetir esas marchas en fechas próximas a las realizadas el año pasado, lo que daría, automáticamente, un calendario de nuevas movilizaciones. La que se hará el 28 de este mes cumple ese objetivo y podría repetirse otra el día de La Trinitaria, en la capital, y en otras fechas en otros lugares.
Desde principios a mediados del 2019 en los nuevos aniversarios ya se podría, desde la misma marcha verde, siendo coherentes, llamar a votar en contra de los corruptos de todos los partidos o a favor de los no corruptos, mensaje sencillo que puede asimilar toda la población y contribuir a crear un nuevo ambiente político en el país.
De otra parte, después de que Luis Abinader llamara a su gente apoyar la marcha verde, Hipólito Mejía anunció su precandidatura presidencial, metiendo al PRM en una campaña prematura que le ha impedido insertarse de lleno en ese movimiento social. Pareció una respuesta a la presencia de su foto, junto a las de D. Medina y L. Fernández, en las movilizaciones.
Ante esa realidad, se ha planteado la necesidad de una política unitaria de diversos partidos (Frente Amplio, Partido Humanista, APD, D x C, PRSD…) y fuerzas sociales (mujeres, jóvenes, trabajadores (as), pequeños y medianos empresarios) en conexión con e interpretando adecuadamente ese movimiento social que se ve y se siente en las calles.
Hasta ahora se han realizado dos reuniones de altos dirigentes de esos partidos sin que se hayan creado las condiciones para hacer planteamientos públicos que recojan ese sentir popular y lo proyecten hacia una opción de poder independiente de los partidos tradicionales. Pero aún hay tiempo para lograrlo.
Esas fuerzas políticas y sociales podrían conformar otra opción de poder que comience por candidaturas municipales unitarias que garanticen gestiones honestas, distintas a los grupos de delincuentes que depredan numerosos ayuntamientos. Esas coaliciones participarían también en las elecciones legislativas y una eventual candidatura presidencial, escogiendo una entre personalidades (Antonio Taveras, María Teresa Cabrera, Ricardo Nieves…) que puedan motivar el voto de personas independientes, descontentas de partidos tradicionales; además de los partidos mencionados y otros.
Esto significa evitar con tiempo candidaturas partidistas con escasa credibilidad pública, que resultarían ridículas o sospechosas de buscar candidaturas a senadurías y diputaciones. En fin, lo básico en este momento es tratar de conectar ese movimiento social con estructuras políticas que recojan ese clamor popular contra la corrupción y la impunidad; a favor de cambios políticos y sociales significativos.


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