A rajatabla
Muchos años antes de contaminarse, la de Guibia era una playa hermosa, de un azul intenso y oleaje juguetón donde los muchachos de San Carlos acudíamos los domingos o a escondidas cuando faltaba el profesor titular en la escuela Chile. Los mayores siempre nos aconsejaban no alejarse de la orilla porque nos ahogaríamos.
Esa playa no se parece a la de Boca Chica, donde se puede recorrer un largo trecho, desde la orilla hasta “la matica”, sin peligro de ahogarse. Guibia es por decirlo de alguna manera “un brazo de mar” que atrapa a los nadadores en la ribera y los lleva hasta su estómago, por lo que es válido el consejo de no alejarse de la orilla.
En política ocurre algo similar a lo que cuento sobre Guibia referido al peligro de desafiarla porque sin darse cuenta el oleaje arrastra al bañista mar afuera hasta las fauces de los tiburones. El liderazgo del Partido de la Liberación (PLD) se aleja peligrosamente de la orilla.
Un partido como el PLD, que con experiencia de casi 20 años en el Poder, debería su liderazgo garantizar el sagrado principio de cohabitación y mantener despejadas las vías de resolución de los conflictos, bajo el principio inviolable de unidad en la diversidad.
Falsamente confiada en que la playa es solo suya, la dirección del PLD desafía las olas del mar sin darse cuenta de lo difícil que resulta retornar a la orilla desde alta mar, más aun si se llega a tener el oleaje en contra con brazos y piernas cansadas.
La unidad interna representan los pulmones de un partido, sin los cuales es imposible respirar y, por tanto, mantenerse vivo y viable, por lo que la base del PLD ni la sociedad pueden entender las razones por las cuales el liderazgo partidario insiste en bloquearse la nariz.
La discusión sobre primarias abiertas o cerradas se circunscribe a la dirección del Partido y a un grupo de abogados constitucionalistas, pero es un tema ajeno a la militancia peledeista y al pueblo en general, cuya agenda está encabezada por empleo, comida, vivienda, salud y seguridad.
La candidatura presidencial del PLD no puede emerger de las cenizas de una confrontación interna a muerte o sin sentido, sino de un auténtico ejercicio de unidad, basado en un proyecto de nación, que evite aplicación de mayorías mecánicas o de alianzas filisteas, donde predomine el criterio de una mayoría consiente y se respete la disidencia de una minoría responsable.
Se ha dicho que la dirección del PLD ha demostrado que sabe nadas en aguas aún más turbulentas que la playa de Guibia, pero me permito recordarle que en 1978, ese partido se alejó en demasía de la orilla y no pudo retornar a la tranquila costa de la unidad.


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