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No me ha sorprendido la victoria lograda por Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la cual no es solo del Partido Republicano, sino de los sectores más conservadores de la nación americana.
No me sorprenden esos resultados por la siguiente razón y, ya lo había comentado entre amigos antes de las elecciones: está claro que la base del partido republicano impuso de manera sólida el triunfo de Trump en contra de la propia dirección del partido, lo que se entendía como una actitud rebelde frente a esta dirección y, a la vez envía un mensaje a otros sectores conservadores a través de la nación.
Por otro lado, en el partido demócrata sucedió lo contrario, la dirección del partido impuso con maña y fraude la candidatura de Hillary Clinton por encima de la preferencia de la base, la cual se inclinaba por Bernie Sanders.
Era de esperarse entonces que con una base sólida republicana conservadora frente a una base dividida demócrata entre liberales, progresistas y conservadores, los números beneficiaran al candidato republicano.
Hay muchos otros elementos que influyeron en esta victoria, usando el lado subjetivo: por ejemplo, la alternabilidad de los partidos en la casa blanca desde 1944, no ha habido una repetición de partido mas allá de ocho años, excepto los doce años entre Reagan y Bush; miedo al terrorismo a través de las fronteras, la falta de fuente de empleo para los jóvenes universitarios y la clase obrera, pero sobre todo la urgencia de que surgieran candidaturas que enfrentaran la dirección del ambos partidos y al statu quo (los cuales eran Sanders y Trump), etc.
De haberse dado la confrontación entre Trump y Sanders los resultados hubiesen sido otros, así lo establecían las encuestas antes de los resultados de las primarias.
Lo que vemos hoy son los siguientes dos extremos: de un primer presidente afro-americano (recordando la esclavitud) a un presidente electo apoyado por el KKK; mientras tanto la nación joven americana sigue inclinándose hacia un horizonte más progresista, liberal o socialista.
Quedan entonces dos resultados de estas elecciones: resurgimiento de un movimiento de ultraderecha, extremadamente conservador, que se reorganiza con Trump a la cabeza y que se enfrentará a un movimiento progresista, el cual inició su fase embrionaria depositando sus esperanzas en Obama, pero que , sin darle paso a la frustración (ver la acciones de occupay Wall Street), ha tomado como punto de partida la brecha que abrió el precandidato Bernie Sanders. La nación está dividida en dos, en tres, en cuatro…
jpm
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