OPINION: Haití no es un Estado fallido

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El autor es licenciado en Diplomacia y Servicios Internacionales. Reside en Santo Domingo

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Haití es la nación más pobre del hemisferio y  en estas  últimas décadas su situación ha empeorado. Esta nación se ha visto en serios problemas económicos, políticos, sociales y muchos de ellos, agravados por grandes catástrofes naturales; parecería hasta la propia naturaleza conspira contra la República negra más antigua del planeta.
Más allá de la cuestión, el tema a destacar, es si Haití está dentro del concepto político de “Estado fallido”.  Según  la definición de algunos estudiosos y tratadistas del tema: Estado fallido es aquel  que no puede garantizar su propio funcionamiento y  ha fracasado  en lo social, político y económico. Entonces, si profundizamos, pues Haití no es un Estado fallido, porque para ser un  Estado fallido, primero debe ser propiamente un Estado. Por lo que decir que Haití es un Estado, es desconocer  la forma moderna de organización política.
Más que el propio Haití, es la comunidad internacional la que  hace esfuerzos en que esta  sociedad feudal dirigida por anarquistas, parezca  un Estado, pero repetimos: no es un Estado. Por más que  se quiera disimular la condición, pues la realidad es la realidad; por el momento podría ser redefinido como una sociedad sin Estado, una especie de absolutismo feudal (bajo una autoridad omnímoda) propio  de la Edad Media en pleno siglo XXI.
Acerca  de la teoría del Estado fallido, para ello se necesita por lo menos tener  un Gobierno y ellos no lo tienen, aunque hacen un intento por tenerlo. El propio Chomsky define el concepto de un Estado fallido,  y si analizamos a Haití  como un país sin Gobierno, sin control territorial, que su seguridad ha estado monopolizada por fuerzas externas o mercenarios  y sin un presidente, pues no es un Estado fallido, ya que no llega  ni siquiera a un nivel mínimo de organización.

Haití no es un Estado fallido, tampoco sabemos cuál concepto emplear: habría que redefinirlo. No obstante, lo que sí nos preocupa, es  el vacío de poder en ese territorio que no ofrece ninguna forma de control y que supone un peligro para la paz y estabilidad, no solo a nuestra República, sino la de todo el hemisferio.

Esta actual forma de organización primitiva, fundamentada y dirigida por  “señores feudales”, pues es una muestra clara, que un Estado fallido es un sistema de gobierno superior al actual statu quo haitiano.
JPM
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