La pandemia del coronavirus (COVID-19) ha paralizado o pospuesto la mayoría de las actividades económicas, sociales, culturales y políticas en más de 170 naciones. Este es un fenómeno sanitario sin precedentes en los anales de la humanidad.
Esta pandemia ha superado con creces las consecuencias negativas de otras grandes epidemias y de las guerras mundiales. Los gobiernos y autoridades sanitarias de las grandes potencias se han postrado ante el arrollador avance del COVID-19.
Bajo la presión de la propagación global de la pandemia que, diariamente, se incrementa dejando una secuela de miles de personas infectadas o fallecidas, los científicos se afanan en encontrar la vacuna o antídoto que permita su control, para lo cual nadie predice lugar ni calendario.
Ese tétrico panorama ha creado una disyuntiva entre diferentes estudiosos de la situación: Nos matará el COVID-19, o sus graves secuelas que impactarán la economía mundial.
En ese mismo contexto, las expectativas económicas para la R. Dominicana (RD) post COVID, a corto y mediano plazo, resultas inciertas y pesimistas.
Esto tiene como premisa la proyección que al respecto ha hecho el Banco Mundial en cuanto al funcionamiento de las economías de los EE.UU., España, Francia, Alemania, Italia y Gran Bretaña como consecuencia del COVID-19; países de donde provienen la mayoría de nuestros turistas, remesas, inversionistas y principales destinos de nuestras exportaciones.
El FMI vaticina para este 2020 y parte del próximo año una recesión y descrecimiento del PIB de América Latina por encima del 4.6 %, aunque para la RD no habría recesión; pero una merma en el crecimiento de su PIB que rondaría el 0 %, por primera vez en las últimas tres décadas.
Esto se vislumbra porque los ingresos de divisas en la RD a través del turismo, remesas, la zona franca e inversiones extranjeras se verán drásticamente reducidas para lo que resta del presente año.
Los especialistas estipulan que el desempleo formal e informal podría llegar a un significativo 30 % de la población económicamente activa (PEA) que incidiría en una disminución cuantiosa en el consumo, lo cual empujaría a las quiebras de cientos de micros, pequeñas y medias empresas (MIPYMES), sector clave en la dinamización de nuestra economía.
A la suerte del turismo y de las MIPYMES está estrechamente vinculada la producción agrícola, agroindustrial y manufacturera en la RD.
En ese mismo tenor hay que observar el sector informal de la economía, con empleos que rondan el 53 % de la PEA, que vendría a ser uno de los más afectados, lo cual incidiría directamente en los sectores de la clase media y de quienes viven en pésimas condiciones de vulnerabilidad.
A ese diagnóstico se le agrega un importante factor político: Se espera la realización de elecciones (en el mes de julio) para escoger las autoridades congresuales y presidenciales a juramentarse el próximo 16 de agosto. Es decir, en unos 120 días, tendremos un nuevo congreso nacional y un nuevo gobierno nacional que tendrán la enorme responsabilidad de lidiar con las consecuencias económicas, sociales y políticas que vamos a heredar del gobierno saliente y de los efectos del COVID-19.
Esa innegable realidad nos llena de preocupaciones. En ese propósito va esta reflexión sobre las expectativas económicas de la RD post COVID-19, porque, todos los planes de gobiernos que se habían elaborado antes de la indeseada llegada de esta pandemia quedaron totalmente obsoletos y desfasados.
Los candidatos presidenciales que tienen posibilidades de ascender al solio presidencial a partir de agosto están en la obligación de poner sus respectivos equipos a evaluar esta nueva situación a los fines de preparar o reajustar un plan de gobierno para administrar la crisis que se avecina con eficiencia, madurez, transparencia e institucionalidad; única garantía para preservar la paz social y la gobernabilidad democrática de la RD, durante el período 2020-2024.
JPM/of-am

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Yo he dicho que cuando el virus pase si es qué pasa estaremos igual., pero peor.