Con el retiro de personal de su legación en Ucrania, emulando a la mayoría de naciones preocupadas por la seguridad de sus ciudadanos que ya lo están haciendo, Rusia quiere dejar dicho que sus planes de anexarse ese país están en marcha y que pronto penetrará por sus fronteras para capturar seguramente su capital, Kiev, al tiempo que ataca por otros flancos para asegurar una rápida toma de toda esa nación sometida al espanto por las continuas amenazas rusas.
Y es que a pesar de los constantes desmentidos de Putin sobre su posible desafortunada invasión a su vecino; al poner a sus ciudadanos a salvo, Rusia está confirmando las advertencias de una inminente invasión, emitidas por los servicios de inteligencia de la OTAN, Estados Unidos y La Unión Europea, lo que significa que el dictador ruso miente continuamente para tratar de sorprender a todos y principalmente a su víctima: Ucrania.
Anteriormente el autoritario líder ruso también lo había tácitamente admitido, al prometer una desescalada de la tensa situación por él creada al mover a la frontera con Ucrania, decenas de miles de tropas equipos y pertrechos militares, si occidente y la OTAN se comprometen a no aceptar a Ucrania ni a ningún otro país que ellos consideren «amenaza su soberanía», como miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN.
Con solo amenazas de «duras sanciones», reiteradas por las principales potencias occidentales, Putin, fortalece su determinación de llevar a cabo sus viejos delirios imperiales de capturar los antiguos países que conformaban a la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, (URSS), y quizás avanzar más allá, capturando también a países como Polonia, Hungría, entre otros que antes pertenecían al desaparecido «Bloque Soviético», compuesto por países comunistas aliados de Moscú.
El «Bloque Soviético» existió entre el final de la Segunda Guerra Mundial (1945) y el final de la «Guerra Fría», con la afortunada disolución oficial del «Pacto de Varsovia», aceptada por la Unión Soviética en la reunión de Praga, el 1 de julio de 1991, el mismo año que la URSS dejó de existir, en aquel histórico 25 de diciembre.
De llevar a cabo sus planes, inspirados por su admiración del fascismo y el estalinismo y atormentado por la nostalgia que padece por la desaparición del antiguo imperio comunista; aunque ya no es comunista, pues evolucionó hacia un fascismo a la rusa, Putin se convertiría en el Hitler del siglo 21.
Al parecer occidente, liderado por Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN como su brazo militar, no están en involucrarse en una contienda guerrerista propiciada por las agresiones anexionistas rusas a Ucrania, lo que puede haya atizado aún más el impulso agresivo del peligroso y brutal dictador ruso, ya que eso desataría una posible guerra mundial, que no es lo que desea occidente pero que a Putin le importa un bledo provocarla, lo que demuestra con su irresponsable accionar guerrerista.
¡Ojalá que la sangre no llegue al río…!


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