Desde tiempos lejanos los religiosos atribuyen las causas de las pestes, plagas y desastres materiales que acontecen en las comunidades enfocadas a masas de gentes y a vastas poblaciones, a la deidad por razones de enojo y exigencia no cumplidas; pues, estos males son infligidos como amonestaciones o castigos necesarios para forzar a los seres humanos a enderezar su conducta y andar por los caminos designados y exigidos de la moralidad, rectitud y santidad.
Es sorprendente que en pleno Siglo XXI hay grupos de fanáticos religiosos y personas carentes de conocimientos científicos o por desequilibrio emocional están creyendo y predicando falacias del porqué de la pandemia infecciosa COVID-19 que azota el mundo; estos están diciendo que es castigo divino, o que el mundo llega a su fin, porque Jesús llega pronto.
No se debe hacer caso a voces agoreras e infaustas; seamos disciplinados, juiciosos y sensibles a la salud de la vida plena de todos de los seres humanos.
JPM

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