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Se chismea cuando se dice algo cierto o falso, siempre a modo de murmuraciones, para indisponer a una persona con los demás. Tal vez esa es la acepción sobre el chisme a niveles de los vecindarios, barrios o residenciales. Se persigue sembrar cizañas nada más, “entre comadres”, amigos, o simplemente, vecinos.
También se puede, al tiempo de chismear, difamar a alguien con la intención de disminuir su estatura moral o personalidad, en cualquier asunto que le rebaje como ser humano. En este caso también el difamar puede tener los orígenes antes citado.
Sin embargo, cuando se acusa a alguien de conspirar y recibir favores, o aliarse con el narcotráfico, esa difamación, adquiere connotaciones más serias en nuestra sociedad. Se llega a las imputaciones pasibles de condenas judiciales. Y se acentúa más cuando se hace contra una figura de las dimensiones del expresidente Leonel Fernández Reyna, presidente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que “no es paja e’coco”.
Estas imputaciones sobrepasan el simple chisme y difamación entre amigos, residentes o vecinos de traspatios. Y esas especies devenidas en imputaciones, en el caso Quirino-Leonel, contrario a otras ocasiones y tal vez con otros candidatos, también sobrepasan las simples especulaciones.
Esto porque en todo caso, se trata de declaraciones difundidas por el capo Quirino Ernesto Paulino Castillo, no por terceros, contra el exmandatario. Por la estatura del exmandatario, estas imputaciones trascienden el simple chisme y difamación. El asunto no es tan alegre ni tan simplón.
Recientemente Fernández Reyna sostuvo que mientras la oposición está “chismeando y difamando”, el PLD avanza en la carrera de mantenerse en el poder. El exmandatario se expresó en esos términos tras el anuncio de la suscripción de un pacto de alianza con el Movimiento Democrático Alternativo (MODA).
Es penoso y chocante el que todavía un hombre que se supone sobrio y que conceptualiza como Fernández Reyna, haya respondido a Quirino con pobres expresiones, como si fuera un ciudadano común que habla del amigo que lo chismeó o lo difamó.
En este caso, Fernández Reyna debería demandar-y vamos aceptarlo así- al chismoso y difamador excapitán del Ejército Nacional. Porque validar que el capo prestó 200 millones de pesos y, entre otros favores, le financió la campaña de 2002 a 2004, se torna en un hecho grave y trascendente.
Fernández Reyna debería retar a Quirino a que pruebe sus imputaciones en los tribunales en el entendido que es él, y no la oposición ni otros, el que ha “chismeado y difamado”.
Fernández Reyna debe conjurar el chisme y mostrar que son simples cizañas, mentiras o especulaciones y que está libre de posibles difamaciones, porque como se sabe, difamar es desacreditar y él, a la vez que respeta al pueblo dominicano, confirma que todavía tiene crédito.
De lo contrario, con sus pobres declaraciones Fernández Reyna sólo develará que sus sofismas, lo han atrapado en sus propias redes georgianas. ¡Esperemos!


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