Sin negar que en política todo es posible, estoy convencido de que el presidente Danilo Medina será reelecto por el voto de la mayoría de los electores en los comicios del 15 de mayo del 2016, porque ha hecho un buen gobierno y porque sus competidores no representan alternativa confiable.
Lo que preocupa es que ante esa realidad incontrovertible, la oposición política, corporativa y mediática intenten desarrollar un tipo de discurso electoral basado en degradar instituciones básicas del Estado, con el objetivo de sacar provecho de una falsa impresión de caos institucional, político o jurídico.
Se sabe que la economía dominicana concluye el 2015 como la más dinámica de Americe latina con un crecimiento superior al 7% del PIB, sostenido en el auge de la demanda interna, del empleo y de la reducción del déficit fiscal y de la cuenta corriente de la balanza de pagos.
El que casi concluye fue un buen año para las zonas francas, comercio, turismo, remesas, inversión y exportaciones, así como para la expansión del crédito al sector agropecuario y al emprendurismo a través de Banca Solidaria, como también para el fortalecimiento de la intermediación financiera y de la estabilidad macroeconómica.
La reducción del precio del petróleo y de materias primas de origen agrícolas, han contribuido también a mejorar las reservas netas del Banco Central, que como nunca antes se acercan a los 500 millones de dólares, lo que garantiza el financiamiento por más de tres meses de las importaciones y, obviamente, la estabilidad cambiaria.
Ante tan auspiciosa realidad económica y financiera, cuyas perspectivas para 2016 son aún mejores, a la oposición no le queda otro camino que intentar generar con acciones cuasi sediciosas un tipo de percepción ciudadana de ingobernabilidad, inseguridad, corrupción generalizada y otros males ficticios o no con las dimensiones de gravedad que se pretende atribuir.
Ha sido difícil, casi imposible poder desdibujar logros del presidente Medina en los ámbitos de educación, creación de empleo, asistencia al campo, reducción del déficit fiscal, control del gasto, democratización del crédito desarrollo de una formidable infraestructura vial, de escuela y viviendita.
Se critica la expansión de la corrupción o prevaricación, pero se pretende ignorar que es el Ministerio Público, el que ha asumido el rol de persecución de posibles crímenes y delitos en el ámbito público, lo que demuestra que prevalece voluntad política para combatir ese flagelo.
Los mismos sectores que movieron cielos y tierras para destruir al Poder Legislativo, sobre la base de que está integrado por gente corrupta, lo hace ahora con el Poder Judicial, donde también plantean el supuesto de que todas las manzanas están podridas.
La idea no es la de promover transparencia ni castigar la prevaricación, sino la de inhabilitar a los poderes públicos e instituciones básicas del Estado para crear o consolidad una percepción colectiva de desorden, caos e ingobernabilidad.
Ese tipo de campaña infame no impedirá que el presidente Medina reciba el voto ciudadano para ejercer mandato por otros cuatro años, pero me preocupa que tan infame estrategia electoral pueda tener efectos negativos para la economía, especialmente en los ámbitos de turismo e inversión.


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