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Bien debería la proyectada normativa de Ley de Partidos que regularía las acciones de los políticos que los conforman, establecer mecanismos que también regulen sus relaciones con respecto a una buena parte del sector periodístico.
Sería saludable para la nación el que además de trazar normas a los partidos, al mismo tiempo, se sancione a los políticos que privilegien a algunos periodistas. Así las lides partidarias serían parejas. No habría competencia desleal.
Es entendible que la actividad de las parcelas partidarias cuenten con la colaboración de los periodistas, pero en los últimos tiempos hemos visto que muchos, más que ejercer su oficio, se han convertido en políticos que minan la idónea institucionalidad de nuestro tejido social.
Sin embargo, mientras el Estado sea el mayor empleador y los periodistas de oficio que lo son per se, por su tarea, devenguen exiguos salarios, siempre habrá algunos que desacrediten esta tarea. Demás está señalar el oportunismo de algunos malhadados comunicadores que afrentan a los periodistas de auténtica trayectoria laboral.
Ciertamente no somos imparciales; todos tenemos nuestras simpatías partidarias pero lo lastimoso es que, sin declararse militante, se reciban prebendas y haya un comportamiento de mamandurrias. Se ha perdido la sobriedad del periodista que orienta con una exacta sinergia. Con ello, lejos de equilibrar y orientar, hay periodistas que actúan en complicidad con la anomia que sacude al país.
Se llega al extremo de defender lo indefendible que perjudica a todos; se pierde la objetividad. El que sale más ganancioso en estas acciones nefandas, es el gobierno de turno. Aunque también sectores de oposición sacan una buena tajada de estas inconsistencias.
Lo cuestionable es, el que hoy haya periodistas multimillonarios. Ni los que los benefician, ni ellos, resistirían un análisis que justifiquen esas cuestionables ganancias cubiertas dizque por conceptos de asesorías políticas, y relaciones públicas.
Y, aunque no han sido beneficiados con un “no ha lugar”, es obvio que el simple ejercicio periodístico no genera esos pingües beneficios. Esto sólo lo justifica la corrupción, el chantaje, y hasta la extorsión.
De su lado, el gobierno si es estable y transparente, no necesita de tanto dispendios para mantenerse en el poder. En todo un cabildeo mediático algunos medios han llegado al extremo de privilegiar a algunos alineados articulistas y comentaristas, relegando los trabajos de otros colegas.
Definitivamente, para adecentarnos todos y tener una sociedad más funcional, creemos que cónsono con la Ley de Partidos, también deberían regularse muchas de las “peripecias” en que incurren con un sector periodístico. Tal parece que ese sector ha perdido su norte, si es que alguna vez lo tuvo.
JPM


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