Las agendas religiosas

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EL AUTOR es ministro cristiano. Reside en La Vega.

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Las agendas religiosas pueden determinarse como los planes y proyectos religiosos que existen en los hombres, pero en realidad, me refiero a la agenda de Dios, y la agenda humana. Estas difieren una de la otra, por diferentes razones, puesto que ambas partes tienen objetivos diversos. El hombre busca dominio y proyección hasta la esclavitud; pero Dios busca liberar, salvar y entrar en comunión  con sus criaturas.

La agenda humana se subdivide en diferentes agendas que deben ser analizadas profundamente para encontrar los objetivos que buscan. En ocasiones, la búsqueda del poder es una de las razones religiosas que motivan la actuaciones de los hombres, de ahí que, hay naciones que tienen sus propias religiones, las cuales las imponen en su poblaciones, sin permitir disidencias. Estas son absurdas, pues el hombre debe ser libre.

Asimismo, el deseo de las riquezas constituye otra de las razones, ya que es muy común  que las religiones sean tomadas como fuentes de riquezas por sus precursores. La raíz de todos los males radica en ese anti- valor,  el cual hunde  a los hombres en todos tipos de inmoralidad. El apóstol Pablo escribió «Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición» I Ti. 6: 9.

El deseo de influencias sociales evidencia una agenda religiosa de muchos, capaces de autonombrarse profetas, apóstoles, pastores, entre otros títulos, incluyendo unos ministerios anti cristianos, como son ministros de música, ministros de jóvenes, y muchos más. Todos éstos se debe a que hay un deseo desmedido de sobresalir en las sociedades, sin importar el daño que se le hace a la eficacia de la palabra de Dios.

Buscar reconciliar la agenda de los hombres con la agenda de Dios, es incorrecto. Dios no acepta combinar o mezclar su palabra y objetivos con los que el hombre haya inventado, ya que el hombre ha sido contaminado por ideas que no proceden del bien ni de la verdad. De ahí que, Jesucristo dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame Mt. 16:24.

En la agenda de Dios está reconciliar a los humanos con él. La presencia del pecado, separa al hombre y a Dios. Existe una enemistad entre los hombres con Dios, puesto que los humanos se hicieron amigos del enemigo de Dios. Esta enemistad, es debido a que los hombres han aceptado para practicar los malos deseos, es decir, las cosas malas.  Está escrito: ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios» Stgo. 4:4.

Ante el escenario expuesto, Dios demanda de todo ser humano completa aceptación de su agenda. Los hombres deben obediencia a todo lo que Dios les demanda, ya que él como Soberado en derecho y de hecho sobre los hombres, es el dueño de la existencia pasada, presente y futura de todo ser humano. Dios no acepta la igualdad entre los hombres y él, como  dijera el enemigo a Eva, de que serían igual a Dios.

La agenda de Dios es excelente para poner a los hombres en la altura que Dios quiere, pues produce integración e integridad en ellos. Es evidente que la situación de  los hombres es caótica, en injusticias, maldades, violencias, divisiones, contenciones y pleitos improductivos. Los hombres son enemigos de los hombres, ¡Qué barbaridad! La concordia, la solidaridad, el amor y la misericordia deben imponerse en los humanos.

Jesucristo vino al mundo para salvar al hombre de los desvaríos que ha tenido, como de la condenación eterna. Los hombres no tienen salidas para resolver las dificultades por sí mismos. No hay cómo  poner de acuerdo a más de ochomil millones de personas. Dios los creó con albedrío, haciendo así responsable a cada uno de sus actos. Sólo Jesucristo puede salvarnos y convertirse en razón de unidad en la humanidad; esa es la agenda de Dios.

jpm-am

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