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La política dominicana necesita sangre nueva. Que llegue la juventud a los cargos. Que personas hagan sus primicias en la actividad partidista. Es necesaria la renovación de todos los partidos políticos, y las instituciones periféricas, como los mal llamados representantes de la sociedad civil.
Lo malo, muy malo, es que los jóvenes que llegan a la vida política tienen la misma mentalidad. Es un cuerpo joven con viejas ideas. No se consigue nada teniendo 25 o 30 años de edad, pero con ideas marchitas porque no son propias, sino dictadas por el litoral añejo.
No importa la edad física, lo que se necesita son nuevas ideas. La juventud, en su mayor parte, sigue los patrones de los viejos robles, y de tomar nichos de importancia, va a trabajar con el mismo modelo.
El problema dominicano de las últimas décadas es que no se ha dado cambio generacional. Los viejos, con ideas obsoletas, murieron, pero los nuevos llegaron con la cabeza vacía, sin perspectivas, copiando un modelo desacreditado y que necesita reparaciones urgentes.
Un viejo estribillo dice que a la juventud hay que abrirle paso, y ello no pasa de ser una frase literaria. Nadie entrega su silla. Si la juventud quiere tener un espacio en la vida política se lo debe ganar, sin cuotas y sin privilegios.
La sangre nueva tiene que traer ideas del siglo 21, estar de acuerdo en la elaboración de un programa de gobierno que busque soluciones a los males dominicanos, pero alejándose de la dádiva, de la ayuda para beneficio partidista y del vivir de rodillas ante el poderoso de turno.
El Partido de la Liberación Dominicana hizo hace un tiempo su cambio generacional, y ello permitió que llegaran al poder Leonel y Danilo. Esa plataforma tiene que comenzar ahora a permitir que la juventud comience a caminar. Desde luego, es difícil, por no decir imposible, que usted saque a Danilo y Leonel de la actividad partidaria en el plano de dirigentes determinantes.
El Partido Revolucionario Dominicano tiene la mejor oportunidad a la vista de hacer cambios profundos, pero ello es imposible porque todos los cuadros de dirección están en las manos de los viejos robles, y estos no quieren dejar su poltrona. De todos modos, tiene que darse un cambio, ante su desplome electoral.
En el Partido Revolucionario Moderno no se vislumbran cambios, hay jóvenes como Abinader, pero no representa nada nuevo, Carolina, la hija de Hipólito, también está marcada por las ideas atrasadas y ni hablar de Chú Vásquiez.
La juventud de ideas nuevas tiene las puertas cerradas. Para entrar de lleno en la actividad política hay que quitarse la cabeza, ponerse un sombrero viejo y ser uno más de los que están en fila.
jpm


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