Nuestra pobreza en Hispanoamérica se origina de nuestra desigualdad social y de nuestra actitud sumisa ante el poder que ejerce el autoritarismo.
«A su orden.» «Mande señor.» «Me postro de hinojos.» Frases que ilustran nuestra relación con el poder y que nos empobrecen el espíritu.
Vendemos nuestros recursos naturales a cambio de nada. Nuestras monedas no compiten en el mercado internacional de monedas, puesto que nuestros tesoros se los ofrecemos al extranjero a cambio de que nos acepten.
Si la esclavitud no hubiera existido, los administradores de nuestros bienes la hubieran inventado. Como si dijéramos, te vendo la cura de todas las enfermedades a cambio de que me enfermes.
Sin la miseria espiritual de los que ostentan el mando en Hispanoamérica, la sociedad dividida en clases antagónicas no existiría, el abuso fuera desconocido, la vida de nuestras naciones sería armoniosa y duradera.
Vivimos en el XXl adormecidos por la adoración que representa el poder que nos ejercen.
La esclavitud cibernética no se apiada de nuestro deseo infantil de embrutecernos con juguetes de dudoso manejo, que nos entorpecen y nos quiebran las alas del espíritu.
Mientras más nos parecemos a un robot, menos discernimos: fórmula que conoce el poder y que utiliza como método de inhibir nuestra capacidad de pensar y de convertirnos en números.
Nuestra pobreza es genética, proviene de la esclavitud, es feudal, provocada por el caudillismo, no ha trascendido, sino a una nueva pobreza, que nos impide la toma de decisiones, en un juego de ajedrez, donde a los peones, no les queda otra alternativa que propinarle jaque mate al rey, o asfixiarlo.
En plena época de los automóviles voladores y de la revolución robótica, aún cocinamos con leña. Empleos informales, indigencia, desnutrición, son el saldo de cinco siglos de colonialismo.
No es de dudar que América hispánica y Africa sean hermanas gemelas, razones les sobran.
Nuestra pobreza en nuestra América hispánica, es el resultado de la venta de nuestros tesoros intelectuales al extranjero, o fuga de cerebros.
Nuestra pobreza en nuestra América hispánica, finalmente, es provocada por la furia de nuestros colonizadores o ignorancia salvaje de practicar un canibalismo de la especie, bajo la denominación de pueblos.
Eh ahí el cúmulo de próceres que han sacrificado sus bienes, sus vidas a cambio de defender lo que desde el punto de vista histórico, parece indefendible: el bienestar de nuestros pueblos.
JPM


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