La paradoja de David Collado: ¿Le entregarán el PRM en bandeja de plata?​ (OPINION)

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es consultor de imagen pública, estratega político, comunicador. Autor del libro "Imarcalogía y el Código de la Huella")

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El escenario político de cara a la sucesión presidencial de la República Dominicana no solo nos invita a analizar encuestas y posicionamientos; nos plantea una interrogante mucho más profunda sobre la naturaleza misma del poder en nuestro país: ¿qué ocurre cuando un perfil marcadamente corporativo y distanciado de la vida orgánica partidaria intenta heredar la maquinaria política que sostiene al Estado?.

​El episodio reciente en la asamblea del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no fue un hecho aislado, sino la manifestación abierta de una tensión que llevaba tiempo incubándose. El despliegue del equipo de David Collado —quienes orquestaron una ovación que intentó opacar la posterior llegada del presidente Luis Abinader, violando abiertamente las advertencias de la dirección partidaria— puso sobre la mesa el estilo de un proyecto político que opera con sus propias reglas.​

Y, como era de esperarse, la reacción no tardó. Ver a un expresidente como Hipólito Mejía reaccionar con molestia ante el plagio directo de su emblemático «Llegó Papá» es el reflejo de una dirigencia tradicional que siente cómo intentan arrebatarle sus símbolos de identidad sin haber pagado el peaje político correspondiente.

​A todas luces, lo de David Collado es un secreto a voces en los pasillos del poder: un dirigente fuertemente respaldado y blindado por un influyente grupo económico que actúa bajo la premisa de ser  dueño del país. A esto se le suma una reputación bien conocida de inaccesible —esa distancia marcada de «no tomarle el teléfono a nadie»—, lo que consolida una percepción clara: su lealtad prioritaria responde a una cúpula empresarial y no a la estructura territorial que suda la camiseta en cada campaña.

​Frente a este estilo de gestión «post-partidista» y orientado al diseño de marca, se encuentra la vieja guardia perredeísta y la dirigencia fundadora del PRM. No debemos olvidar el origen: esta organización nace del esfuerzo, la visión y la estructura política ligada a don José Rafael Abinader Wassaf, padre del presidente Luis Abinader, consolidándose como el vehículo histórico que transformó la antigua Alianza Social Dominicana (ASD) en el partido que devolvió el poder a toda una corriente democrática.​

En un análisis anterior titulado «La rebelión de los herederos», señalábamos cómo David Collado comete el error táctico de no acercarse ni tomar en cuenta a los jóvenes líderes del PRM; aquellos hijos de figuras tutelares que trazaron la ruta desde el viejo partido y que hoy ocupan posiciones de liderazgo y responsabilidad en el gobierno.​

Ni a los viejos robles ni a esa emergente generación de relevo. Collado parece asumir que no los necesita, exhibiendo una altanería política sumamente peligrosa en un sistema donde el trabajo de base y las lealtades de grupo lo son todo.​ ¿Dejarán Luis Abinader e Hipólito Mejía que David Collado gane la  candidatura  y posteriormente les arrebate el partido?.  ​La respuesta es un no rotundo.​ La política real no se rige por la candidez. Ni Luis Abinader va a entregar el patrimonio político fundado por su padre, altos dirigentes históricos del viejo partido (PRD) y consolidado bajo su mandato, ni Hipólito Mejía va a permitir que el control de la organización quede en manos de un proyecto que perciben como ajeno a las entrañas del partido.​

Permitir que Collado se imponga en una convención interna sin haber hecho la vida partidaria, sin tomarle la llamada a la dirigencia y despreciando tanto a la vieja guardia como a los jóvenes herederos, significaría para Abinader y Mejía ceder no solo la candidatura, sino entregar las llaves del PRM a un grupo económico externo.​

El gran capital podrá construir percepción pública y financiar despliegues mediáticos, pero las estructuras, la militancia y el arbitraje del proceso interno responden al liderazgo fundador. Pretender desplazar ese control histórico a fuerza de altanería y respaldo corporativo no solo es un cálculo errado; es la receta perfecta para encontrar un muro de contención infranqueable dentro del propio partido.

Y como colofón dejo esta pregunta: ¿Wellington Arnaud, Guido Gómez Mazara o Carolina Mejía representan ese peligro?.

 

 

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julio cons
julio cons
13 minutos hace

NO, DE NINGUNA MANERA LOLMAS ACONSEJABLE ES QUE, CAROLINA, ARNAUT GUIDO Y OTROS MAS FORMEN UNA GRAN ALIANZA DE ACERO Y EVITAR QUE COLLADO CONVIERTA ESE PARTIDO EN UNA CORPORACION EMPRESARIAL.