Por MIGUEL A. GUERRERO PEREZ
En las actuales circunstancias que vive el mundo ser presidente de un país, República Dominicana, por ejemplo, más que un lujo es un sacrificio.
De igual modo que ser alcalde y hasta funcionario público.
Servir hoy es un deber pero a la vez constituye una odisea.
La pandemia del coronavirus ha puesto el mundo al revés de modo que no hay mejor lugar que estar en la casa.
Hay quienes creen que está es una oportunidad para ganar dinero, por eso se especula, pero el dinero de nada valdrá si no superamos felizmente esta crisis sanitaria que vive la humanidad.
La hora es de servicio, de humanidad, de ofrecer, de sacar lo mejor de todos.
Pensar en obtener ganancias políticas desde el gobierno o desde la oposición es uña mezquindad horrorosa.
Rechazar una mano amiga, fustigar al que la ofrece y aplaudir o justificar al que la rechaza, carece de toda lógica.
Más temprano que tarde no quedará más opciones que aunar esfuerzos.
El mundo pasa por una prueba que sólo lograremos rebasarla unidos. Es cuestión de tiempo para que todos nos demos cuenta.
JPM


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