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Cada año, en el mes de diciembre, según la tradición se celebra el nacimiento de Jesús de Nazaret. Esta se hace con un alto criterio religioso, pero a la vez, con un valor cultural del mundo occidental.
Las iglesias cristianas, en su mayoría asumen ese compromiso, de propagar esa noticia, como el fundamento de ellas: Glorificar a su Cristo.
Sin embargo, la celebración del nacimiento de Cristo, es fuertemente atacada por una minoría religiosa, la cual se enfoca en que Dios no mandó a celebrar dicho nacimiento, y a la vez, rechaza el modo pagano de celebración, como también el alto nivel comercial de la época.
Pero, el nacimiento de Cristo fue real y podemos hablar del Jesús histórico. Aun los ateos más radicales aceptan a este Jesús. Es obvio que, trasladarse a ese nacimiento constituye un enfoque de fe en la Biblia, como en la historia secular.
Mas hay que entender que el Jesús histórico, no niega el Jesús Divino. Pues, el primero es visto sin sus atribuciones divinas, pero dando falsas explicaciones sobre los hechos y facultades que hubo en él.
Esta problemática entre los creyentes y los ateos, sobre Jesús, es debido a que los que aceptan al Jesús Divino, dan total credibilidad a la existencia de Dios y a su obra creada, la naturaleza. Por el contrario, los que sólo lo ven como un hombre histórico, dan credibilidad a la teoría de la evolución como origen de las cosas.
Ante las confrontaciones del cristianismo contra otras religiones, se hace más difícil la aceptación del Jesús Divino, pero a la vez, ésto impulsa una mayor concientización sobre Jesús y su religión.
Las religiones adversas, le dan un grado de profeta a Jesús, lo cual le vinculan con sus dioses, o Dios. Esto le da una visión Divina a Jesús, lo cual favorece a él y al cristianismo.
El ateísmo y las otras religiones reconocen la existencia de Jesús y por ende su nacimiento. Pero, la contradicción entre ellos, sobre la vinculación o no con Dios, favorece al cristianismo.
El cristianismo afirma el nacimiento de Jesús y su vinculación como Hijo de Dios. Además, de ser profeta y Salvador del mundo ante su Padre. Estas verdades, son las que justifican recordar y celebrar su nacimiento.
El nacimiento de Jesús, el Cristo, fue, es y será una bendición para la humanidad. El trajo una doctrina transformadora, esperanzadora y una nueva forma de relacionarse con Dios Padre. Y, ésto justifica que haya recibido la responsabilidad de dar vida eterna a sus fieles seguidores.
Si celebrará el nacimiento de Jesucristo, en esta ocasión hágala con mascarilla, higiene en sus manos y distanciamiento social.
Cuando Jesús nació, los ángeles cantaron este coro de alabanza: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres».
JPM


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