El infierno de los partidos políticos es la división. Ningún partido político se torna sólido y listo para los nuevos retos, sin sufre una rompimiento interno. Cuando se desguaza un grupo político todos pierden. El que se queda y el que se va.
En la oposición, la división resta las fuerzas necesarias para llegar al poder. Se resbala en la senda del éxito, y los partidos no pasan de ser grupos con mínima representación, que medran en el escenario público.-
Si se está en el gobierno, la división es un signo que se traduce en debilidades, piernas flojas, capacidad limitada de maniobrar en caso de crisis social y sobre todo alejamiento paulatino del poder, y el levantamiento de murallas para seguir en ascenso.
Nadie dividido se ha podido mantener en el poder. Sucumbe ante la realidad de las nuevas fuerzas, y la clara y actual repartición de los nuevos poderes. Un ente dividido obliga a sus líderes a comenzar de cero, trabajando por nuevos objetivos, al perder la brújula anterior.
Pero hay un resquicio, una carta envenenada que puede utilizar un líder en un partido donde hay luchas de tendencias: aplastar al rival. Es una maniobra riesgosa, pero que puede dar buenos resultados. Un aplastamiento del rival a medias, es lo mismo que una división, porque éste sacará la cabeza en cualquier momento, luego de suturar sus heridas.
El aplastamiento total del rival, manteniendo a sus seguidores de masas, de bajo nivel y de cuadros de liderazgo, es una segura garantía de que se mantendrá la fuerza partidaria unida, en la oposición o en el gobierno. Para el aplastamiento tiene que haber un poder total, una fuerza demoledora, un liderazgo sin cortapisas, y lo que es más importante, un rival diezmado y sin fuerzas para sostenerse en pie.
Los partidos políticos son frentes de masas, donde convergen todos los sectores sociales. Uno de esos integrantes de masas tiene que tener la mayor fuerza y acción ejecutiva. Los demás se tienen que dejar conducir, siguiendo la partición de los poderes. El partido clasista como el de los viejos proletarios socialistas-leninistas, surge en base a un aplastamiento radical de todo el que se le opone.
En la República Dominicana de hoy no hay espacio victorioso para divisiones en los cuatro principales partidos. No hay fuerzas individuales para aplastamientos radicales. Lo que se impone en la inteligencia política de hoy es la convivencia, el reparto equitativo de los ángulos del poder, la concertación y la unidad. Cualquier otro movimiento, es saltar hacia un paraíso de arenas movedizas.
jpm


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