“Los efectos de las exigencias de los mercados de mayores redimientos por los bonos que emite Estados Unidos para cubrir su déficit fiscal, impactarán en la situación fiscal de República Dominicana de manera negativa”.
Lo que está ocurriendo con la deuda pública de Estados Unidos merece especial atención. El problema ya no es solo su tamaño, sino la interacción entre deuda, déficit, intereses, vencimientos y confianza de los mercados. Para una economía pequeña, abierta y altamente vinculada a la de ese país, como la dominicana, las consecuencias pueden ser importantes.
La deuda federal acaba de superar los US$40 billones y el pago anual de intereses se aproxima a US$1.4 billones, equivalentes a aproximadamente 25% de los ingresos federales. Más revelador aún: la deuda prácticamente se ha duplicado desde 2017, cuando se situaba por debajo de US$20 billones. Para 2026 se proyecta un déficit cercano al 6% del PIB, lo que apunta a un desequilibrio de carácter estructural:Estados Unidos mantiene déficits muy elevados incluso con una economía relativamente fuerte.
El Tesoro financia esos déficits mediante letras (instrumentos de corto plazo, desde pocos dias a 52 semanas), notas (instrumentos de mediano plazo, desde 2 a 10 años) y bonos de diferentes vencimientos (de 20 a 30 años). Más de la mitad de la deuda está constituida por notas de mediano plazo. Pero, ante las dificultades fiscales y las expectativas sobre la política de la Reserva Federal, el mercado ha comenzado a exigir mayores rendimientos. Durante la tercera semana de agosto, el bono a 30 años alcanzó 5.3%, su nivel más alto desde 2007, y la nota a 10 años alcanzó 4,7%.
En ese contexto, el Tesoro ha recurrido con mayor intensidad a emisiones de letras que pagan 4.2%. Estas pueden reducir temporalmente el costo financiero frente a comprometerse durante décadas a tasas superiores al 5%, pero trasladan el problema hacia adelante: obligan a refinanciar con mayor frecuencia y aumentan la exposición a futuras variaciones de las tasas de interés.
Significado para RD

¿Qué significa esto para la República Dominicana? La deuda del sector público no financiero ronda los US$68,000 millones, alrededor del 48% del PIB, y aproximadamente 71% corresponde a deuda externa. El país es, en estos términos, sensible al costo internacional del dinero.
El primer efecto es un aumento del costo de referencia de nuestro financiamiento externo. Cuando República Dominicana coloca bonos internacionales debe pagar, en términos generales, la tasa de los bonos del Tesoro estadounidense más la prima de riesgo dominicana. Si sube el rendimiento de los bonos del Tesoro, aumenta nuestro costo de financiamiento aunque el riesgo país permanezca estable.
El segundo efecto es el encarecimiento del refinanciamiento. Los bonos dominicanos que venzan durane el periodo de tasas internacionales elevadas tendrán que sustituirse potencialmente por deuda más costosa, aumentando el pago de los intereses y reduciendo el espacio fiscal disponible para la inversión pública.
En tercer lugar, aumenta la competencia por el capital. Si Estados Unidos ofrece alrededor de 5% en instrumentos considerados de bajo riesgo, los países emergentes tiene que ofrecer rendimientos considerablemente mayores para atraer inversionistas.
En cuarto lugar, tasas estadounidenses persistentemente elevadas pueden fortalecer el dólar, presionar las monedas de economías emergentes, incluido el peso dominicano. Finalmente, también limitan el margen del Banco Central para reducir agresivamente sus tasas, pues un menor diferencial podría generar presiones cambiarias.
Por todo ello, el problema fiscal estadounidense puede convertirse en un problema fiscal dominicano sin que República Dominicana haya provocado ese deterioro. Estados Unidos proporciona el activo libre de riesgo sobre el cual se valora buena parte del capital mundial. Cuando aumenta el costo al que se financia ese emisor, se encarece el dinero para los demás.
Por eso, más que el monto absoluto de los US$40 billones, importa su trayectoria en relación con la capacidad económica y fiscal de Estados Unidos. Para República Dominicana resulta especialmente revelador rendimiento del Treasury a 30 años: si el mercado exige persistentemente una prima fiscal mayor, podríamos entrar en una etapa de capital internacional estructuralmente más caro.
La conclusión es clara: la época del dinero excepcionalmente barato parece haber terminado. República Dominicana debe diseñar su política fiscal contemplando un escenario en el que el capital internacional será más costoso que entre 2010 y 2021.

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