Los responsables de la persecución de los intelectuales norteamericanos estaban acuartelados en el llamado Comité de Persecución de Actividades Antiestadounidense. Se cometieron muchas injusticias en ese reinado del terror, que comenzó en el 1950 y sobrepasó el 1956.
Un oscuro senador norteamericano encabezó esa persecución implacable, que condenó a la muerte en vida a escritores, filósofos, directores y actores de cine. Joseph Raymon McCarthy cortó cabezas a diestra y siniestra y convirtió el mundo cinematográfico en un infierno.
Hoy me ha tocado revisar mis viejos papeles de crítico de cine, luego de conocer de la muerte de Kirk Douglas, uno de los mejores actores norteamericanos de todos los tiempos. Douglas fue el encargado de ponerle fin a la famosa lista negra de Holliwood, donde se escribieron los nombres de diez directores y libretistas erradicados de por vida.
Para comer, tenían que usar nombres ficticios y ocultar su verdadera identidad. Douglas que fue el actor principal y productor asociado de “Espartaco” nombró para realizar el libreto a uno de los perseguidos de McCarthy. Dalton Trumbo, fue el guionista de la cinta y su nombre aparece bien claro en los títulos iniciales y finales de la película.

Douglas da un golpe de muerte a la persecución de las ideas contra los intelectuales, y sepulta en el olvido a Macarthy. Pero también su nombre es historia por ser uno de los actores que terminó con el monopolio de contratación de la fábrica de ilusiones, cuando se lanzó a producir dos de sus películas más conocidas: “Sendero de Gloria” y “Espartaco”, fuera del dominio de los grandes estudios de la Edad Dorada.
El sistema no se lo perdonó, y por esa razón nunca pudo ganar un Oscar, y por remordimientos de conciencia le dieron uno honorifico. Sin embargo, los grandes festivales europeos, Cannes, Berlin, Barcelona, se rindieron a sus pies con cuatro de sus mejores películas “Senderos de Gloria”, “El Gran Carnaval”, “El Loco del Pelo Rojo” y “Espartaco”.
Siempre estará en mi pensamiento una de las escenas finales de “Espartaco”. Los romanos quieren identificar al esclavo que se levantó en lanzas por su libertad. Ante el interrogatorio sobre quién era el líder del movimiento, solo se escuchó una voz colectiva de unidad y reafirmación de lucha: ¡Yo soy Espartaco!. Baja el telón para una leyenda.
JPM


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