Los acontecimientos en torno al caso Odebrecht estremecieron el país. Marcan un antes y un después, por tanto procede un inventario. A ver, qué tenemos: partidos mayoritarios entrampados sentados en el banquillo de los acusados por un común ejercicio político corrupto cuyo espíritu de cuerpo los une en sus afanes de permanencia. Para el caso lo que importa es el usufructo del poder, no el fortalecimiento de las instituciones, ni el orden social, ni el bienestar común. El resto, resignado al papel secundario de soporte en procura de las migajas del poder, siempre pródigo a la hora de administrar los recursos del Estado.
Un empresariado a mitad de camino, en curso de su consolidación y lograr la independencia necesaria para defenderse de la voracidad fiscal del Gobierno. Ser parte del entramado deshonesto que posibilita grandes ventajas a una docena de empresas y empresarios le impide alcanzar una autonomía necesaria para ser competitivo. Se trata de un juego desigual que lo hace permeables, por tanto, corruptibles. Asociarse a políticos es lo peor que les ha pasado en los últimos años a unos cuantos.
Una fuerza social emergente con amagos de compactación, en procurar de recuperar un quebrantado orden político y económico que ya toca fondo. Este fenómeno esperanzador cobra espacio en la medida en que la impunidad y la corrupción se entronizan con la complicidad de gobiernistas, opositores y empresarios contaminados. Sin dejar atrás en esta tarea a religiosos, sindicalistas y académicos beneficiados. En rio revuelto ganancia de pescadores.
La cuestión es que este sector, para incidir en los cambios que demanda el país, debe entenderse fuerte y permanente. Asumir ella misma un papel decisivo y determinante, más allá de las manifestaciones. Expresiones útiles apenas en la fase inicial. Depender del respaldo de los partidos tradicionales, incluyendo a los liberales, tiende a castrarla y reducir su papel a más de lo mismo. Salir de todo es de lo que se trata. ¿Necesitan recursos para entrar en el campo de lucha política? Desde luego que sí. Podemos, de España, creció gracias a los apoyos económicos recibidos de Venezuela e Irán, y del soporte académico que le llegó de la Complutense. No estamos hablando de marcas ideológicas. Dios nos libre.
Nos queda la Justicia como componente esencial del cuerpo social y conformación estatal. Su estado de salud y comportamiento no es ajeno al que acusa, en general, el país político y económico. De ahí la notable falta de seguridad jurídica que aleja la inversión externa y afecta el bienestar y la seguridad a que aspira toda sociedad. Es un cuadro poco esperanzador que cuestiona un amplio proceso reivindicador que tiene ahora el encádalo Odebrecht como puntal. Y, precisamente en este sentido, la inconstancia y deslices del procurador Alain Rodríguez no ha sido lo que se dice una señal auspiciosa para creer que el presente proceso enjuicie a todos los imputados. Las esperanzas en un correcto e incluyente proceso están cifradas en el juez Francisco Ortrega, que no es empleado del Ejecutivo, ni responde a sus directrices.


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