POR MINERVA GONZÁLEZ GERMOSÉN
La educación inicia en el hogar de manera oral, sobre una alfombra de amor, tolerancia y aplicación de estrategias de acuerdo al referente que tengan los padres. La forma de dirigirse a los hijos juega un rol importantísimo para la efectividad de la comunicación.
El tono y la forma en que los padres se dirijan a sus vástagos influirá en sus reacciones, en ese sentido, Julio Benvione aborda esta temática en su artículo “aprender con los hijos”
Asegura el autor que cuando los padres se comunican en positivo, los hijos tienden a prestar más atención y ponerse menos a la defensiva. Mientras, cuando se les habla en negativo provoca miedo y los infantes se niegan a obedecer. Sostiene que hablarles en primera persona y de forma respetuosa hará que no se aíslen y no sientan culpa al momento de recibir una reclamación por parte de uno de los padres.
Plantea Benvione formas idóneas de disciplinar siguiendo las perspectivas de enfoques educativos, estos son herramientas empleadas con efectividad. El enfoque funcional y comunicativo plantea que la lengua se debe trabajar a partir de realidades, es oportuno para fortalecer la oralidad cuando el niño atraviesa por momentos emotivos no usuales.
Explicarle lo ocurrido, motivarlo para que se exprese como se siente, qué piensa al respecto y cómo se podría solucionar desde su perspectiva.
Argumenta el autor que cuando el chico se niega a obedecer, se debe buscar la forma de dialogar así, él explicará al padre sus razones de la negación, y con esto, se fortalecerá su responsabilidad, capacidad para toma de decisiones y se le enseña a escuchar. Es que se violan sus derechos cuando le responsabilizamos de nuestros enojos y nos dirigimos en negativo.
Por otro lado, según el enfoque educativo para Naciones Unidas los niños deben ser tratados con dignidad, respeto y al levantarle la voz le maltratamos. En ese orden, propone el enfoque humanista que al niño se le debe formar en un clima positivo y con autonomía, a través del diálogo, en armonía y disciplinar con amor para que el niño sea menos agresivo, conciliador, honesto.
En fin, la forma de disciplinar de los padres influye en las actuaciones de los hijos, un discurso en positivo fortalece su autoestima, sus relaciones interpersonales, eleva su nivel de tolerancia, baja su nivel de agresividad y se modelan nuevos patrones de disciplinar sin violencia, bajo un clima democrático.
JPM


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