El reciente colapso del Metro de Santo Domingo, donde 18 plantas de emergencia fallaron simultáneamente por «mantenimiento» y se descubrieron 10,000 galones de combustible dañado, no es un accidente. Es el síntoma más visible del fracaso sistémico de nuestro sector energético. Un sector que opera bajo una entropía caótica, desconectado del mercado y carente de la más mínima planificación gnoseológica (basada en el conocimiento).
El problema es profundo y estructural. La raíz de nuestro mal es la «locura gerencial» que supuso liquidar a la CDEEE como ente rector para sustituirla por una fragmentación burocrática. Al dividir la distribución en tres (EDEESTE, EDESUR, EDENORTE) y rodearlas de una pléyade de entidades (Ministerio de Energía, CNE, SIE, EGEHID, ETED), hemos violado flagrantemente el principio cardinal de «una función para cada órgano y un órgano para cada función».
El resultado es el caos. Hemos multiplicado por tres (o más) los gastos operativos y la ineficiencia institucional, creando un sistema donde nadie es plenamente responsable.
Este fracaso se mide en cifras insostenibles: pérdidas que rondan el 42%, una infraestructura obsoleta que depende de 35 presas sin un plan maestro de mantenimiento, y un «gasto fiscal» que opera como una caja negra. No sabemos cuánto ha costado esta ineptitud, ni cuál es la rentabilidad real del sector, ni bajo qué condiciones compramos energía a generadores privados.

Peor aún, carecemos de un plan
Gobierno tras gobierno ha fallado en presentar una agenda de desarrollo energético alineada con las necesidades reales del mercado: la industria, el turismo, la construcción y la agropecuaria. Prueba de ello es que, si bien existen unas 17 empresas de energía renovable operando o en construcción, lo hacen en un vacío, sin una política de Estado que articule este crecimiento.
El diagnóstico es claro: el modelo fracasó. No podemos seguir parchando un sistema fundamentalmente roto. La solución no es más burocracia, sino una reingeniería integral.
El punto de inflexión debe ser el retorno al paradigma del proceso administrativo: unificar para vencer el caos. La tímida «unificación de consejos» de las EDEs no es suficiente. Proponemos la fusión inmediata de EDEESTE, EDESUR y EDENORTE en una única Empresa Distribuidora Nacional (EDN). Esto eliminará la triple burocracia, centralizará la gestión comercial y técnica, y reducirá drásticamente el gasto.
En paralelo, el Ministerio de Energía y Minas debe asumir su rol de rector único e indiscutible, absorbiendo las funciones de planificación de la CNE. Necesitamos una auditoría técnica y financiera total del sector.
Y, finalmente, debemos crear el plan que nunca ha existido: una «reforma gnoseológica». Un Plan Maestro 2025-2045 co-diseñado con los agentes productivos, que defina cuánta energía necesitamos, de qué calidad y dónde la necesita el mercado para crecer.
El fracaso es evidente. La reingeniería es urgente. Solo así podremos asegurar que, en el sector energético, lo mejor está por venir.
jpm-am


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