Llama poderosamente la atención el hecho de que en estos precisos momentos en que el gobierno, a través del ministerio público, está llevando a cabo una lucha agresiva contra la corrupción administrativa del Estado y contra el crimen organizado, se ha producido una estampida de la criminalidad contra la ciudadanía.
Para hacer una ilustración de lo dicho en el párrafo anterior podemos informar que en una sola calle del vecindario de Gascue, en tan solo una noche, se les robaron las baterías a ocho vehículos parqueados en la calle Danae de dicho vecindario.
De igual manera que en el parqueo de un hotel le robaron los espejos retrovisores a tres vehículos en una misma semana y a pesar de haber sido grabados en videos no se pudo hacer nada porque la demanda tiene que ser hecha por los dueños de los vehículos y no por la administración del hotel.
Podríamos seguir mencionando más casos de robos de accesorios de vehículos en el vecindario de Gascue, pero el espacio no nos lo permitiría. Lo que realmente queremos destacar es que estamos ante una plaga de delitos en los vecindarios de clase media y media alta sin que las autoridades competentes hagan o puedan hacer nada.
Definitivamente que al gobierno no le interesa combatir esta ola de delincuencia porque está dicho que se tienen los recursos para aquello que es importante para quienes manejan los recursos.
La ciudadanía se siente desprotegida e impotente porque no hay nada que pueda hacer para combatir esta ola de delincuencia que azota a sus vecindarios.
En realidad, no se trata de falta de recursos sino de falta de voluntad porque además el sistema legal vigente no funciona para combatir la criminalidad por lo que se necesita de una adecuación del mismo a las circunstancias imperantes.
Imagínese que un delincuente que es sorprendido infraganti no puede permanecer más de 48 horas detenido a menos que un juez emita una orden de coerción, y por tal razón se le vuelve a liberar para que continúe realizando actos delincuenciales.
Un sistema con esas características empodera a los criminales y hace muy difícil la lucha contra la delincuencia.
¡Que Dios nos coja confesados!!
JPM


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Si en esas 48 horas se les diera una pela con chucho con la anuencia de una nueva ley para prevencion del dilito callejero, en los siguientes dias bajarian en de un 60% el tigueraje callejero; permitiendo asi, a los ciudadanos que trabajan con decencia a vivir mas tranquilos. Y no importa que sean de clase media, de baja o de alta los que hayan sido afecatados. Pues la ley debe servir para todos por igual. Asi que, pela va, pela viene con el tige