Síntomas muy evidentes muestran que un cambio se otea en el horizonte.
Amplios sectores medios han modificado su tradicional pasividad con una resuelta actividad en favor de un cambio.
El pesimismo que durante años se había aposentado en la conciencia de una parte significativa de la población ha ido basculando hacia un creciente despertar y optimismo sobre la posibilidad de una nueva forma de manejar los asuntos del Estado.
La corrupción administrativa que a través de sus múltiples tentáculos se había enseñoreado como cáncer sin retroceso en numerosos estamentos públicos se vislumbra también la posibilidad de yugularla desde sus raíces.
Las contradicciones al interior del equipo gobernante y las fisuras en el PLD no solo son reales, sino que amenazan resquebrajar la tradicional monolítica estructura de esa organización que mostró durante más de 30 años. El propio gobierno en su segundo mandato, luce erosionado, viejo, acorralado y sin perspectivas.
Por otra parte, el movimiento de masas que en los últimos años había estado aletargado, salvo casos puntuales -la lucha por el 4%, las terrenas, loma miranda, etc- ha emergido con fuerza ascendente como lo demostró la impresionante marcha de finales de enero y como lo evidenciará la prevista para el 22 de febrero en Santiago.
Si a esto le agregamos la crisis económica también en ascenso cuya profundidad ha originado que el FMI recomendara en su análisis de la economía dominicana, hecha pública recientemente, que se hace necesario un ajuste fiscal ( o sea, una reforma impositiva) para dizque adelantarse a lo que se nos viene encima.
¿ Y qué es lo que se nos viene encima? Creciente déficit fiscal y cuasi-fiscal, aumento de la deuda publica consolidada, aumento de la deuda externa, presupuesto deficitario, etc. entre otras manifestaciones.
Ya el escándalo de Odebrecht rebosó la copa. Por tanto nada seguirá igual.
En consecuencia, los agentes de los cambios están ahí a la vista de todos. Y pueden venir de cualquier lado. De abajo (de los amplios sectores afectados por la crisis) o impulsados por los grupos de oposición que asuman un liderazgo opositor responsable que rompa con las estrategias que inútilmente tratan de suplantar los programas neoliberales dizque para no asustar a los sectores conservadores que ya han sido captados por el PLD.
No se trata, pues, de promover la «revolución». Se trata de realizar los cambios sociales de manera pacifica bajo la sombrilla de un gran movimiento de masas amparado en la Constitución, las leyes y la libertad política.
Y esa es la tarea de hoy cuyo éxito desmontaría la tesis en boga del supuesto carácter conservador de la sociedad dominicana.
jpm

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