Por ISAAC FELIZ
En el contexto de la campaña electoral, aún no oficializada por la JCE, resulta preocupante observar que en las propuestas presentadas por los diversos candidatos a la presidencia de la República Dominicana de los diferentes partidos que componen el sistema electoral dominicano, no han enfocado su mirada a un problema que subyace en nuestro país desde hace un tiempo considerable, que es el embarazado en la adolescencia.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la República Dominicana, hay aproximadamente 2 millones de adolescentes entre las edades de 10-19 que constituyen el 19,0% de la población total del país.
La tasa actual de la fecundidad adolescente de 97 nacimientos por cada 1000 mujeres de entre 15 y 19 años sigue siendo la más alta en la región de ALC. Los datos disponibles indican que el 22% de las mujeres entre 12 y 19 años han estado embarazadas, lo que es un 34% más alto que el promedio de ALC.
El embarazado en la adolescencia constituye un desafío que demanda un enfoque proactivo y responsabilidad en su abordaje; este fenómeno contribuye a la agudización de la pobreza, ya que la mayoría de las adolescentes embarazas enfrentan dificultades para asistir a la escuela, provenientes en su mayoría de familias con recursos económicos limitados.
Estos hogares carecen de los medios necesarios para el cuidado del infante mientras la madre está en proceso de aprendizaje. Aquellas que superan estas dificultades son mínimas en proporción, debido a que sus familiares asumen el cuidado del niño y las motivan a continuar sus estudios.
De acuerdo con los datos de una investigación del Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas (UNFPA) en 2022, solo el 37% de las adolescentes embarazadas en RD logran completar sus estudios, un porcentaje significativamente menor que el 66% de las no embarazadas que lo logran.
Se aborda no solo la carencia de recursos materiales, sino también aspectos personales; una adolescente carece de las condiciones emocionales requeridas para criar a un niño, ya que se encuentra en una etapa de construcción personal.
La magnitud de esta problemática demanda intervención estatal con la elaboración de políticas públicas eficientes para reducir los elevados índices de embarazado en la adolescencia, permitiendo que las jóvenes puedan crecer y formarse en condiciones óptimas.
El estancamiento de la tasa de embarazos adolescentes y su distribución desigual en la población ponen en peligro los avances nacionales en el desarrollo, comprometiendo los objetivos y metas establecidos para el 2030.
Entre las soluciones propuestas se destaca la implementación de educación sexual en las escuelas, permitiendo a los niños comprender que, dadas sus edades, no cuentan con la madurez suficiente para sostener una vida sexual.
Además, se propone concientizar en la secundaria sobre la importancia de los métodos anticonceptivos, no solo para prevenir embarazos a temprana edad, sino también para evitar enfermedades de transmisión sexual (ITS).
isaconde370@icloud.com
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