POR VICTOR GARRIDO PERALTA
Imagina un hogar donde la alarma contra incendios suena en la cocina, en la sala y en el cuarto de los niños, y nadie se levanta porque “mañana” será un buen día para apagarla.
Así hemos convertido a la República Dominicana: en una casa llena de humo, donde la mayoría mira el techo y decide que el incendio no le concierne.
Hay una indiferencia que no es pasiva: es cómplice. No es un silencio inocente, sino una decisión colectiva —pequeña, cotidiana— de permitir que las fallas se reproduzcan.
La apatía electoral y cívica no es una estadística: es el primer ladrillo del edificio de la corrupción, la precariedad y la injusticia.
El costo privado de la indiferencia pública
Cuando decimos “eso no me afecta”, mentimos.
La indiferencia tiene un precio y una factura: sube en la góndola del supermercado, en la cuenta del hospital, en la matrícula escolar y en la inseguridad ciudadana.
Cada abstención es un permiso moral para que una minoría decida por la mayoría. Cada apatía electoral refuerza el bucle que conduce a malas políticas y al clientelismo.
Y los datos lo confirman:
En 2020, la abstención fue de 44.7 %.
En 2024, subió aún más, con 45.6 % de los dominicanos ausentes de las urnas.
En las elecciones municipales de 2024, la apatía alcanzó su punto máximo: más del 53 %.
Hace una generación, en 2016, la abstención apenas rondaba el 30 %.
En menos de una década, casi uno de cada dos dominicanos ha renunciado voluntariamente a su poder de decisión.
Esa es la verdadera pandemia democrática: la de los que prefieren mirar el fuego desde la ventana.
Diez síntomas de la anestesia colectiva
La macro se vuelve micro. El colapso nacional toca la puerta en actos cotidianos que hemos aprendido a tolerar:
La deuda se vuelve inflación.
La corrupción y el gasto desbordado se transforman en precios inalcanzables en el supermercado.
El Estado persigue a los honestos.
La DGII fiscaliza al que paga, no al que roba.
El ahorro es vulnerable.
Los bancos deducen sin aviso, y las autoridades callan.
La salud se cotiza como un lujo.
Los seguros rechazan coberturas críticas sin consecuencias.
Las calles son minas.
Sin señalización ni control, los accidentes se multiplican.
La inseguridad se normaliza.
La justicia ausente convierte el miedo en rutina.
El crimen se exhibe.
Los narcos y corruptos viven sin pudor ni castigo.
La educación se ahoga.
Escuelas colapsadas, maestros desmotivados y futuro hipotecado.
La abstención de salón.
El “voto consciente” que nunca llega a las urnas perpetúa lo que critica.
La cosecha política.
Los corruptos cosechan la indiferencia que sembramos.
¿Quién se beneficia de tu falta de voto?
Los que se benefician son siempre los mismos:
Los que organizan clientelas, reparten favores, compran voluntades y administran el Estado como un botín.
La abstención no castiga a los corruptos; los fortalece.
Un país donde pocos votan por muchos termina con instituciones hechas a la medida de la impunidad.
Lo que hay que exigir ya
La indignación sin plan es espectáculo.
Necesitamos acción con dirección.
1. Transparencia radical
Portal público de ejecución presupuestaria en tiempo real. Auditorías independientes con sanciones automáticas.
2. Referendos y consultas vinculantes
Que la ciudadanía apruebe o rechace grandes préstamos, leyes y proyectos. La deuda pública debe tener firma ciudadana.
3. Educación Cívica Permanente
Programa nacional en escuelas y medios sobre presupuesto participativo, control ciudadano y cultura de rendición de cuentas.
4. Sanciones ejemplares
Inhabilitación perpetua para corruptos y empresas vinculadas a sobrecostos.
Cárcel, no discursos.
5. Metas medibles de participación
Reducir la abstención cinco puntos por elección.
Evaluar partidos según su capacidad de movilización cívica, no solo su propaganda.
El último minuto del reloj democrático
Seguir dormido es una opción; despertarse también lo es.
Pero ambas tienen consecuencias.
Cada voto que no emites es un cheque en blanco a la decadencia.
Cada silencio refuerza el mismo sistema que dices odiar.
Si no cambias tu actitud, otros decidirán por ti.
Los que lucran del caos, los que aman la impunidad, los que no quieren transparencia porque viven de la oscuridad.
Despierta, exige, participa.
Yo me comprometo a no callar.
Te pido que no sigas pagando con silencio la factura de la indiferencia.
Votar no es un favor a la política: es un acto de dignidad nacional.
Porque la indiferencia es el último lujo que perdemos antes de que todo arda.
Porque un país indiferente es un país condenado.
jpm-am


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