Por: RAMON RAPOSO
La falta de institucionalidad imperante en las organizaciones políticas de nuestro país, la carencia de ideologías que permitan a sus integrantes sustentar un pensamiento de progreso, desarrollo y avance y la ausencia de líderes que entiendan el rol que deben jugar ante los cambios sociales que ameritan los nuevos tiempos, atentan con la desaparición de los partidos políticos tradicionales en la República Dominicana.
Cuando estudiamos nuestra historia, podemos observar que desde los cimientos de nuestra patria, con el propósito de acceder al poder los grandes caudillos dominicanos formaban grupos integrados por hombres “prominentes” intelectuales de la época, sectores influyentes y brazos armados, los cuales se circunscribían a la búsqueda de espacios estatales, simple y llanamente.
Es a estos grupos políticos que hoy les llamamos partidos y lo decimos así porque aunque, en la actualidad, hay un engranaje jurídico que los define y regula, con el pasar de los años ha cambiado la forma pero no el fondo.
Los partidos políticos son concebidos por su dirigencia como maquinarias electorales los cuales se reactivan para los periodos de elecciones.
La dirigencia de los mismos no se reúne, sus organismos no se respetan, sus locales paran cerrados, quien representa al partido no es el que tiene una trayectoria de labor comunitaria y política si no el que tiene “cuarto” para mantener el mismo.
Es notoria la carencia ideológica que impera en los partidos políticos, ganando terreno entre su militancia la cultura de “Lo mío alante”. Dejando de lado la vocación de servicio y la búsqueda de desarrollo y el progreso común que debe caracterizar a un dirigente.
A esto hay que agregar la falta de visión mostrada por sus líderes, los mismos se han quedado anquilosados y no han entendido que los partidos que representan deben adecuarse a los nuevos tiempos y conectar con el sentir de la sociedad.
Entre los principales líderes políticos dominicanos ha imperado el pensamiento de los caudillos tradicionales que nunca entendieron que deben servir de timón y guía para la transición y el desarrollo democrático de sus organizaciones y el país.
De ahí el hecho de que en la mayoría de mediciones y sondeos llevados a cabo por firmas encuestadoras nacionales e internacionales los partidos políticos sean tan mal valorados por la ciudadanía.
La clase política dominicana tiene que entender que tienen en sus manos la principal herramienta que nuestra constitución le otorga a la población para poder acceder a los sectores de poder.
Que si dejamos extinguir los partidos políticos y no propiciamos el relevo de liderazgo a todos los niveles, la conexión con la sociedad y la promoción de valores, podría devenir en improvisaciones que devengarían en consecuencias funestas y trágicas para la nación.


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