El escándalo de corrupción desatado en el Servicio Nacional de Salud (Senasa) se erige como una gran desgracia nacional, no solo por el millonario monto esquilmado, sino también porque vulnera derecho a la salud de millones de ciudadanos en condiciones de vulnerabilidad social y económica.
En términos políticos el camino fácil o expedito sería el de culpar al gobierno por ese infortunio y bregar para que el litoral oficial pague las consecuencias en términos electorales y de reputación, igual como se hizo con otros casos de presunto peculado en administraciones anteriores.
Esta vez, sin embargo, en paralelo con la misión del Ministerio Público de probar la consistencia del fardo probatorio que expondrá al tribunal contra encartados en ese expediente, se requiere que el liderazgo político reflexione en torno al hilo histórico de la corrupción, un flagelo convertido en la principal fuente de acumulación de riquezas.
La corrupción es como hidra de muchas cabezas que cuesta trabajo cercenar, porque se regeneran al ser cortadas, aunque según la mitología griega, una de ella, con aliento mortal, al ser seccionada, moriría el monstruo o al meno eso fue lo que la fábula atribuyó a Hércules, lo que quiere decir que la prevaricación puede ser derrotada.
En términos jurídicos el desfalco de Senasa, estimado en principio en RD$16,000 millones, tiene los mismos elementos constitutivos que otros sonados casos de corrupción como soborno, estafa, falsificación de documentos, manipulación de estados financieros, asociación de malhechores y lavados de activos, entre otros.
Lo dolorosos de ese expediente ha sido el robo de miles de millones de pesos a de los servicios de salud que procuran cada día millones de afiliados al Senasa, y de revelaciones tan espeluznantes como que se despachaban desde oficinas corporativas privadas fundas con millones de pesos para pago de sobornos, o de un local repleto de medicinas vencidas compradas por la institución.
A los poderes públicos (Poder Ejecutivo, Congreso, Orden Judicial, Junta Central Electoral, Cámara de Cuentas y Defensor del Pueblo) les corresponde bañarse con cloro y jabón de cuaba para librarse de infecciones éticas y morales que son causas primigenias de la corrupción.
Los gremios empresariales están compelidos a reflexionar sobre las razones por las cuales en casi todos los casos de prevaricación figuran empresarios en rol de corruptores, la mayoría de los cuales considera que su situación jurídica se resuelva con ir a misa el domingo
El caso Senasa no debería convertirse en un circo politiquero ni en un almacén de justificaciones, porque se trata de una estocada sobre el corazón de la sociedad, lo que obliga a Estado, gobierno, liderazgo político y empresariado a, por lo menos, golpearse con las manos muchas veces en el pecho.
of-am


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