Corría el año 2007 –si mal no recuerdo-, y una parte de los dirigentes de las seccionales en los Estados Unidos fuimos convocados por Danilo Medina –a la sazón precandidato presidencial interno a las elecciones de 2008- a su oficina política a los fines de planificación y coordinación política-estratégica de cara al venidero Congreso Elector en donde competiríamos frente a otros compañeros: el Presidente en funciones (del partido y del país) Leonel Fernández, José Thomas Pérez, entre otros que ahora no recuerdo. Esa reunión fue rica en planificación y diseño de estrategias, pero también, en folclor político del más pintoresco. Esta demás decir que, en dicha reunión, Danilo Medina se esmeró en radicalizar su voto haciendo énfasis –por enésima vez- del cuento del loc el tipo aquel que solo le faltaba brincar una pared para alcanzar la meta. Igual, sus seguidores, les reiteramos y auguramos una victoria segura. ¡Jamás el 28 que sacamos! Sin embargo, en esa reunión se produjo una intervención (hoy anécdota) de mucha hilaridad que jamás he olvidado. No sé de quien fue la idea, o si fue pura coincidencia; pero a la vez que Danilo Medina nos recibía a nosotros (los de las seccionales que le apoyábamos), también estaba recibiendo a dirigentes provinciales de todo el país. Aquello era un mar de voces y forcejeos; pero, sobre todo, de quien se vendía –ante el líder- como el más trabajador y entregado. En ese pugilato –de informes, querer sobresalir y promesas de victoria- estábamos, cuando de pronto, tronó e intervino una voz algo jactanciosa que dij “compañero –dirigiéndose a Danilo-, yo soy el Gallo y vengo de…, allá estamos trabajando duro y diario para ganar seguro. Tenemos equipos en tales y cuales sitios, y además, nos estamos desplazando a otros municipios como el de p, c, s…”, y un larguísimo rosario de lugares que Danilo Medina hábilmente abrevió para hacer el cuento mas corto y, de paso, facilitar otras intervenciones. No abstente y antes de cerrar con el Gallo, Danilo le inquirió: compañero, ¿y la Gallina –se refería a la esposa del Gallo- cómo está? Se lo pregunto –remarcó Danilo- porque sé que la que está fajada, de sol a sol, es la Gallina. La risa –de todos los presentes- fue al unísono, e incluso hasta el propio Gallo que, con más vergüenza que pena, se echó a reír y a irse en elogios para con su esposa, la Gallina. Una vez más, Danilo Medina demostraba que en el PLD y en su proyecto, conocía, como dice el refrán: “…al cojo sentado y al ciego durmiendo”.
El gallo y la gallina
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