POR FRANCIS ANTONIO LORA RAMÍREZ
Haití, como otros pueblos del mundo, ha pasado a través de su historia, por muchas y variadas crisis. Sin embargo, la que al día de hoy vive este “empobrecido pueblo del Caribe”, supera con creces todas las anteriores.
Esto es, porque a los problemas de “hambruna y crisis política”, existentes, en Haití, se le ha sumado otro elemento, a saber: el de la “violencia social”, en sus representativas variables: violencia doméstica, de género, física, económica; ataque terrorista, secuestro, homicidio, agresión sexual, y vandalismo.
Fruto de los últimos estallidos sociales, en los que Haití se ha visto envuelto, uno, sobre todo, aún redimimos con gran asombro en nuestra memoria, a saber: el episodio del magnicidio de su presidente, Jovenel Moïse, acaecido el 7 julio de 2021.
Ese bochornoso hecho, fue, como se dice popularmente: “la gota que derramó la copa”, dando lugar a una interminable ola de violencia social e incertidumbre, sin precedentes, en Haití, por parte de las pandillas a las que se les imputan, a la fecha, un sinnúmero de actos delictivos, agravados.
¡El secuestro, por ejemplo, de los 17 misioneros cristianos causó, al momento de saberse “la infausta noticia”, gran revuelo en todo el mundo! ¡Caso que aún sigue pendiente!
Esa debacle, en particular, llevó a que el “Director General de la policía haitiana”, León Charles, se viera obligado a renunciar de su cargo ¿Por presión o miedo? ¡Quién lo sabe!
Otro suceso, que conmocionó a Haití (en apenas 6 días de la renuncia del Director General de la policía), fue el atentado perpetrado en contra del Primer Ministro del Gobierno, Litz Quintel, quien, en “el macabro acto” salvó milagrosamente su vida.
Las autoridades haitianas, ante esos horrendos y repudiables sucesos, han declarado -con gran impotencia- haber perdido gran parte del control del territorio haitiano (el 75%, según el presidente Luis Abinader), en manos de los pandilleros.
En lo que respecta, los dominicanos, en una muestra de solidaridad albergamos en la Comunidad Internacional, “una esperanza salvadora” para el vecino país.
Sin embargo, la declaración de este organismo (esbozada incluso en la propia tierra haitiana), y de viva voz de su subsecretario Todd D. Robinson, fue devastadora, al expresar que la “Comunidad Internacional no se haría cargo de (ayudar) a combatir la inseguridad en la que está sumida Haití”.
Declaración que al hacerse viral, hizo, por ende, más vulnerable a Haití, ante las pandillas, cuyo vergonzante acto evidenció a esa nación, como un “destino inseguro”, en el que la vida de sus ciudadanos, y la de ningún extranjero se pueda garantizar dentro de su territorio.
Un motivo, sin lugar a duda, para preocupar por un buen rato a los ciudadanos haitianos, sobre el futuro de Haití, que por lo que reflejan los acontecimientos sociales, a la fecha, se observa: ¡sombrío y aterrador!
¡Qué desventura!
JPM


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