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Ya lo he dicho –y lo repito-: el actual proceso político-electoral pasará como el más atípico que registre nuestra historia contemporánea, pues, se fue por una pendiente fragosa, lúgubre y de perplejidades antidemocráticas que no dejo nada a la imaginación. Fue, y pasará, como la coyuntura política-electoral del desnudo de los partidos políticos y sus gerentes (aquí como en todo el mundo).
Una lástima, si partimos de una gestión de gobierno –la que está ensayando el PresidenteDanilo Medina– enfocada-centrada en la agenda social -¡mil veces pospuesta!- que al fin encuentra cause y estímulo en un proyecto de gobierno (programático) que él planificó y diseñó en noches-años de desvelos y de amargos trances, o más gráfico –y como dijera don Federico Henríquez Gratereaux- que “…prefirió remar sobre una canoa en el Canal de la Mona”.
Sin embargo, nada ni nadie le quita –a la actual coyuntura política-electoral- el sabor a sepultura-entierro en que los partidos –¡sin excepción!- y sus cúpulas (¡glotonas!), en una acto de magia, monopolio y exorcismo, hicieron triza la democracia interna. Y lo peor, que todos –por omisión o de delegación- fuimos cómplices. Unos sin chistar –y a beneficios- y otros, hay que decirlo, a regañadientes e impotencia.
Y esta lluvia ligera, entre atipicidad y un Presidente que cuasi se reelige –porque ya hay, y según las más recientes encuestas, una marcada tendencia electoral difícil de revertir-, nos anuncia que algo habrá de cambiar. En consecuencia, ojalá este sea el último zarpazo sin ley de partido y sin reforma a la ley electoral, porque sino ¿para qué –en lo adelante- militar en un partido político?
Lo digo –¡y todos lo saben!- porque el estado actual de esos “aparatos” es el de una gallera, y ya sabe que, el que va a una gallera y no tiene con que apostar, solo le queda el “rol”-papel de espectador. Por supuesto, funesta degradación que hay que revertir…
Probablemente y en medio del actual carnaval electoral, los partidos políticos -¿o sus gerentes?- podrán disimular y hasta contener la hemorragia, pero están gravemente heridos-enfermos de anquilosamiento, suplantación y de pasar, de espacio para el debate, elecciones internas libérrimas y pluralidad, a simple oficinas burocráticas –para ordenar encuestas, tramitar-registrar candidaturas y celebrar liturgias-, o si mucho, a mesas replegables de zafras electorales.
Quiera Dios que este odioso eclipse (la actual coyuntura electoral) pase pronto, para que el sol resplandezca y exijamos –desde los partidos políticos-, con vehemencia inclaudicable, el verdadero rol que los partidos políticos están llamados a jugar en una sociedad democrática, que es: el de proponer, debatir y hacer fluir –sin subterfugios ni cortapisas- la democracia por encima del dedazo, del nepotismo y de la degradación-suplantación institucional que amenaza diluirlo en parte de una “sociedad civil” que hace rato, con la excepción de una ínfima minoría, se desacreditó.
No obstante y por ahí, hay un José Mujica –de carne y huesos e inspirador- que dijo –con toda la moral para ello-: “a los que les gusta mucho la plata (dinero) hay que correrlos de la política…”.
Ojalá no esté lejos el día que, en nuestro país, empecemos a echarlos…


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