Afirmar que Dios creó los cielos, los mares y la tierra, obliga a responsabilizarlo a él de todo lo que acontece en ellos. El les puso las leyes correspondientes, las cuales son las que dirigen el funcionamiento de los mismos. Sin embargo, él dejó en manos del hombre toda su creación, cuando dice: «Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra». Gén. 1:28.
La vida de toda especie depende del universo, por lo que, Dios estaba responsabilizando al ser humano del cuidado que debía darle al universo. Uno no funcionaría correctamente sin el otro, por eso, el ser humano tendría similar consecuencia que él. De ahí que, la conducta y buen uso que éste tenga sobre las cosas creadas, será lo que determinará la continuidad en su existencia o su malas consecuencias.
Los primeros habitantes del mundo, desde que fueron arrojados del huerto en Edén, se desviaron del camino que debían seguir, corrompiéndose en todos sus caminos, dejando que la maldad sea su guía, y contaminaron todo en su contorno, haciendo impostergable el fin de todas las cosas, de ahí que, dice: » Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal,» Gén. 6:5.
No era posible dejar que una especie superior que corrompió todo el espectro de la naturaleza, continuara existiendo sin ninguna corrección y modificación. Por consiguiente, Dios utilizó el agua como forma de castigo en esos tiempos, haciendo que la naturaleza propiciara un diluvio, como Moisés escribió: …«aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches» Gén. 7:11b, 12.

Unos siglos, después del diluvio, se presentó que los hombres se corrompieron de una manera que ya no respondían al propósito para el cual fueron creados, como sucedió con los habitantes de Sodoma de quienes se escribió: «Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera… Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego… y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades y el fruto de la tierra» Gén. 13:13; 19: 24, 25.
Andando el tiempo, Dios utiliza la tierra y la escasez de lluvia para que hubiese una hambruna, que afectara a toda la tierra donde vivían personas, en los tiempos de Abraham, igual sucedió, en tiempo de Isaac, y también de Jacob cuando estaba avanzado de edad, también en los de José hijo de Jacob. No los destruyó con hambre, pero los hizo sufrir grandemente, como forma de corrección y de orientación de la vida sobre la tierra.
Uno de los eventos naturales muy conocido fue lo que sucedió en el mar Rojo, por el cual pasaron los hebreos como si fuera en tierra seca, mientras que los egipcios intentaron hacer lo mismo, pero fueron todos los que entraron en el mar ahogados. Se puede decir que hubo un maremoto, o que hubo un fuerte viento que pasó en ese momento y precisamente en ese lugar; pero sea lo que sea vino de Dios.
Jesucristo cuando estaba en la tierra tuvo control sobre los vientos, olas, a sí mismo, multiplicó los peces y panes, sobre el agua convirtiéndola en vino, sobre el agua andando sobre ella; sobre enfermedades, endemoniados y sobre la muerte. La presencia de Jesucristo es la mayor expresión del control de Dios sobre la naturaleza, pues siendo Dios se hizo hombre, murió y resucitó, y subió en una nube al cielo.
En menos de dos meses, hemos oído sobre terremotos en Venezuela, Colombia e Indonesia, en los cuales han habido cerca de dos mil personas entre muertos y desaparecidos. Dios está dando algún mensaje, el cual no es nuevo, pero sí, está indicando el fallo del ser humano en relación a nuestro universo. El hombre es el responsable de todo lo que está pasando, pues ha violentado todas las leyes de la naturaleza. Tiempo es de cambiar las conductas equivocadas de nuestra humanidad.
Se está viviendo los últimos tiempos antes del fin del mundo. El hombre se ha corrompido. Volver a Dios es lo correcto, pues sin duda que el ser humano ha degenerado significativamente, necesitamos una urgente regeneración. Dios usará dos elementos para poner fin al mundo, como escribió el apóstol Pedro: «Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos» 2 Pdro. 3:7.
JPM


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