La principal retranca para el avance de los dominicanos en Nueva York no es el idioma, el racismo ni la falta de talento. Es la desunión. Somos la comunidad latina más grande de la ciudad y, al mismo tiempo, la más fragmentada.
MUCHOS JEFES, NINGUNA DIRECCION
En Nueva York hay 200 organizaciones dominicanas, 15 federaciones, 10 alianzas, 8 cámaras de comercio y 40 clubes. Cada una con su presidente, su logo y su cena de gala. Todas dicen representar a la comunidad pero ninguna la representa.
Competimos entre nosotros por una proclama del concejal, por una foto con el cónsul, por un contrato pequeño.
Mientras los coreanos crean asociaciones de negocios que compran edificios, nosotros montamos directivas para repartir medallas.
LA POLITICA NOS USA PORQUE NO NOS UNIMOS

Los políticos lo saben. Por eso nos dividen con un nombramiento aquí, un empleo allá, una promesa en campaña.
El dominicano en NY pone votos, pone trabajo de base, pone dinero. A cambio recibe discursos en español y nada estructural. No tenemos un bloque que exija educación bilingüe de calidad, que frene los desalojos en el Alto Manhattan, que defienda a los bodegueros o que impulse capital para nuestros negocios. Porque para exigir hay que sentarse juntos, y no lo hacemos.
EL EXITO INDIVIDUAL NO CONSTRUYE PODER COLECTIVO
Tenemos jueces, doctores, peloteros millonarios, empresarios, comisionados. Aplaudimos cada logro personal y está bien. Pero el éxito individual no se traduce en avance comunitario si no hay estructura.
Los judíos, irlandeses, chinos entendieron hace 100 años que el poder se construye en bloque: escuelas propias, bancos propios, fondos de inversión propios. Nosotros seguimos celebrando que “uno de los nuestros llegó” mientras el barrio se nos vacía por los alquileres.
EL SINDROME DEL CANGREJO
La retranca más dura es la que llevamos dentro. Si un dominicano abre un negocio en la 181, al mes le abren tres al lado para tumbarle el precio. Si una líder comunitaria crece, aparecen diez a desacreditarla. Nos cuesta celebrar al otro sin pensar que nos está quitando algo. Esa mentalidad nos mantiene pobres aunque facturamos millones.
Sin confianza no hay inversión conjunta. Sin inversión conjunta no hay poder económico. Sin poder económico no hay poder político. Nueva York no nos debe nada. Pero nosotros nos debemos todo. La diáspora dominicana manda US$10,000 millones a la isla cada año.
Si aprendiéramos a quedarnos con el 10% de eso e invertirlo juntos aquí, en vivienda, en educación, en fondos para negocios, cambiaríamos la ciudad en una generación.
La retranca no es el sistema, somos nosotros. Y eso es lo bueno, porque lo que nosotros rompimos, nosotros lo arreglamos.
El día que entendamos que el vecino no es competencia sino socio, ese día avanzamos. Mientras tanto, seguiremos siendo muchos y pesando poco.
sp-am


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