Siempre se ha señalado que la República Dominicana es un país en quiebra permanente. No desde ahora reciente, viene de lejos. Suerte que somos “un país inagotable”, como reza un lema turístico. Desde Colón hasta nuestros días se ha venido sacándole riquezas a la tierra, las instituciones, los organismos, empresas, a todo lo que produce. Por eso cuando la gente se opone a la construcción de metros, elevados, túneles, etc., lo hace con sobrada razón. Nunca tenemos dinero para esas obras. Los que se oponen a la compra de aviones, helicópteros, locomotoras o vagones para el Metro, no están equivocados. No hay recursos para ese “dispendio”. No obstante, el país tiene que crecer, desarrollarse, convertirse en un ente moderno, industrializado, dejar el atraso. Nunca vamos a tener lo que tienen Alemania o Estados Unidos, Brasil, por citar algunos. Si nos llevamos de que no hay dinero nunca habrá un dinerito que permita comprar aviones, tener una flota marítima, una línea aérea estatal, hacer presas y puentes, buenas carreteras… Sin embargo, las labores de auxilio desarrolladas por la Fuerza Aérea de República Dominicana, luego de las tormentas Olga y Noel, nos dice que hacen falta helicópteros. La pronta ayuda a Haití después del terremoto, nos indica que se hizo porque tenemos aviones, y el rescate de dos menores tras días sin comida, perdidos en Constanza, se logró gracias a un helicóptero de la Fuerza Aérea. Y qué decir de los resultados del Metro? Esto habla por sí solo. Entonces, debemos colegir que no podemos cruzarnos de brazos porque no hay dinero. Ni en la casa particular de cada uno da resultado. El rescate de los dos jovencitos en las lomas de Constanza, los espectaculares rescates en medios de ríos turbulentos, de las copas de árboles y tejados, con la tranquilidad que le devuelve a padres, hijos, hermanos y otros parientes, se hace porque contamos con aeronaves. Esto nos dice que tenemos que hacer, tenemos que caminar, dotarnos de equipos sin pensar en lo mal que estemos. Y por último los resultados obtenidos de la compra de los aviones Super Tucano, que han eliminado los vuelos para arrojar las drogas, para transportar delincuentes internacionales, para el lavado de dinero, etc., también nos dice que hay que invertir en obras y equipos, para no quedarnos rezagados y para no seguir siendo víctimas permanentes de las mafias que se aprovechan de nuestras debilidades institucionales.
De los Súper Tucano y otras cosas
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