Cuba bajo presión

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La Autora es escritora e ingeniero. Reside en Santo Domingo.

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POR E. MARGARITA EVE

Cada vez que Cuba entra en crisis, el Caribe entero contiene la respiración. Aunque la palabra “invasión” vuelve a escucharse en algunos círculos políticos y mediáticos, el escenario actual parece muy distinto al de otras etapas de tensión mundial. La tensión regional ha comenzado a crecer nuevamente. Especialmente en la

República Dominicana, el tema ya despierta preocupación.

Mientras aumenta la presión sobre Cuba, también crece la incertidumbre sobre las posibles consecuencias regionales de una nueva etapa de confrontación impulsada por Donald Trump. Sin embargo, el estilo político de Trump ha sido diferente al de otros presidentes estadounidenses. Hasta ahora, ha preferido métodos de presión económica y diplomática. No el modelo tradicional de invasiones militares abiertas.

La historia recuerda que en 1961 ocurrió la Invasión de Bahía de Cochinos, organizada bajo la presidencia de John F. Kennedy. Apenas un año después, en 1962, el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear durante la Crisis de los Misiles en Cuba. Aquellos acontecimientos colocaron al Caribe en el centro de la Guerra Fría.

Fue uno de los episodios más peligrosos del siglo XX.

Durante décadas, Cuba logró sostener cierta estabilidad económica gracias al fuerte respaldo financiero y energético de la Unión Soviética. Antes de la perestroika impulsada por Mijaíl Gorbachov y del colapso soviético, la isla no enfrentaba los niveles de escasez y crisis energética que vive actualmente. La caída del bloque soviético transformó profundamente el destino económico cubano.

Décadas más tarde, Estados Unidos volvió a recurrir a operaciones militares directas. En 1989, bajo la presidencia de George H. W. Bush, Washington invadió Panamá para derrocar a Manuel Noriega. Dos años después, en 1991, comenzó la Guerra del Golfo contra Irak. Aquellas operaciones reafirmaron el poder militar estadounidense tras el final de la Guerra Fría.

Más adelante, en 2001, George W. Bush hijo lanzó la invasión de Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre. En 2003, ordenó también la invasión de Irak. Aquellas guerras marcaron una etapa de intervenciones militares prolongadas y enormes costos humanos y económicos. Además, provocaron fuertes críticas internacionales y un profundo desgaste político para Washington.

 

Trump, en cambio, ha preferido otro enfoque frente a gobiernos considerados adversarios de Washington. Incluso durante momentos de alta tensión con Irán, Venezuela o Corea del Norte, evitó iniciar guerras convencionales de gran escala. Su estrategia ha estado basada principalmente en sanciones económicas, presión diplomática y aislamiento político.

En el caso de Venezuela, el escenario fue completamente distinto al de Irak o Afganistán. Washington acusó a Nicolás Maduro de narcoterrorismo y, en enero de 2026, ejecutó la llamada “Operación Resolución Absoluta”. La acción terminó con su captura sin necesidad de una invasión militar prolongada. Fue un modelo basado en inteligencia y operaciones estratégicas puntuales.

Desgaste interno

Con Cuba, la presión parece orientarse principalmente hacia sanciones económicas, restricciones financieras y limitaciones energéticas. El objetivo sería debilitar gradualmente al sistema cubano sin recurrir a una ocupación militar convencional. Muchos analistas consideran que Washington apuesta más al desgaste interno de la isla. No a una guerra abierta en el Caribe.

En un momento pensé que podrían comenzar a moverse algunas fichas estratégicas dentro del Partido Republicano para que Marco Rubio asumiera un papel protagónico en el tema cubano. Una situación así incluso podría fortalecer su proyección política futura. Sin embargo, todo indica que Trump ha decidido mantener personalmente ese enfoque dentro de su visión internacional.

El propio Trump ha hablado anteriormente de la posibilidad de visitar, antes de concluir su mandato, una “Venezuela libre”, un “Irán libre” y una “Cuba libre”. Más que una postura de confrontación militar directa, el discurso parece orientarse hacia cambios políticos impulsados mediante presión económica y diplomática. Esa estrategia busca evitar guerras largas y costosas como las de Afganistán e Irak.

Muchos cubanos dentro y fuera de la isla sueñan con el fin del actual sistema político. Para la República Dominicana y gran parte del Caribe, el verdadero temor no es únicamente una invasión militar sobre Cuba. La región vive principalmente del turismo y, cualquier conflicto provocaría una fuerte caída económica, además de un incremento de la inmigración y de la inestabilidad regional.

 emargaritaeve@gmail.com

jpm
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