Conociendo al ser humano

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EL AUTOR es ministro cristiano. Reside en La Vega.

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Una de las cosas imposible para el hombre es conocer al ser humano. Cada uno es diferente a los demás, lo cual hace imposible predeterminar cuál será la conducta a seguir. A pesar de que hay ciencias que pretenden indicar que se puede saber de acuerdo a la ADN, a través de estudios avanzados, diciendo que se podría diagnosticar el futuro de la persona, mas la realidad es que, hasta ahora no es posible hacerlo, pues el ser humano es impredecible.

Las diferentes disciplinas científicas actuando interdisciplinariamente, podrían contribuir a conocer un poco al ser humano. Sin embargo, siendo que los que ejercen las ciencias son seres humanos, les es imposible llegar un  verdadero conocimiento del ser humano, puesto que las imperfecciones e intereses de éstos impiden reconocer la igualdad de cada ciencia con otras. Cada uno busca resaltar su ciencia sobre las demás, y hasta se contradicen.

Una manera de obtener alguna luz sobre el conocer al hombre es buscando su genética, pero como él no es sólo genética, también es circunstancias las cuales ha vivido, y éstas van a influir en el comportamiento de él. Cada experiencia en el individuo, genera un conocimiento diferente y personal, no necesariamente colectivo, lo cual hace más difícil la comprensión en ambos sentidos.

El hombre no es solamente genética y circunstancias, también es espíritu. Ahora eso revela la imposibilidad de conocer perfectamente al ser humano. Esta combinación  material e inmaterial eleva a ser humano a un nivel superior que la ciencia no puede alcanzar. De ahí que,  por más que se estudie a un ser humano, no hay manera de concluir diciendo éste o aquél es así; esta dicotomía lo  imposibilita.

Solamente existen dos personas que pueden conocer al ser humano, fuera de ellos nadie más puede comprobar que conoce perfectamente a alguien. Primero, cada quien en sí mismo se puede conocer, ya que la genética, las circunstancias y el espíritu son partes de él. El apóstol Pablo escribió «Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?» I Co. 2:11.

La otra persona que conoce a perfección al ser humano es Dios, quien le creó y además le permite subsistir. Dios conoce la genética, las circunstancias y el espíritu del hombre; todos están desnudos ante él. Juan escribió: «Estando  en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues sabía lo que había en el hombre» Jn. 2:23 – 26.

Jesucristo deja algunas formas para conocer al hombre, pero en una manera  limitada, por eso, por más que creamos saber quien es alguien, existen ciertas limitaciones, pues podemos equivocarnos. El dijo: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿acaso  se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos»… Mt. 7:15- 17.

Además si se toma en consideración lo  que Jesús enseñó sobre el corazón y lo que el hombre habla, es un rasgo más para saber algo de alguien. El dijo: «Generación  de víboras ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas» Mt. 12:34, 35.

El hombre no tiene la capacidad de conocer totalmente a otro hombre, debido a las actitudes de hipocresía, engaños, mentiras y las complejidades de temperamentos, de intereses y conveniencias, como de los valores o no que tenga un individuo. Es decir, que se puede tener una apreciación  limitada, pero únicamente Dios y el individuo son los que conocen perfectamente al una persona.

Dios manda a cambiar lo malo por lo bueno, a convertirnos en creyentes y obedientes a él, como también, a que se amen unos a otros, se perdonen unos a otros, se soporten unos a otros, a orar unos por otros. El sabe lo que hay en los hombres, y conoce la impotencia del hombre para lograr transformar al ser humano. De ahí que envió a Jesucristo a  buscar y salvar al hombre perdido, pues él sabe lo que hay en él.

jpm-am

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