En estos convulsionados tiempos de guerras insensatas sostenidas por quienes desde vidas y despachos blindados sacan provechos económicos a la desgracia de la pérdida de vidas y destrucción, es difícil sentirse en paz viendo por los medios de comunicación, especialmente la televisión, a cadavéricos y harapientos niños, mujeres y hombres, buscando desesperadamente entre ruinas y cadáveres un poco de agua o algo de comer para sobrevivir el día a día que puede trágicamente terminar con la fuerza expansiva y destructiva de un misil disparado contra objetivos civiles como si fuera un juego de videos.
Ni el papa, con la fuerza moral que se le supone, ni las organizaciones internacionales como la OEA, la ONU, la Unión Europea ni las defensorías de los Derechos Humanos han podido impedir que los crímenes de lesa humanidad continúen a sus anchas creando una situación de angustia y desesperanza, además del deterioro progresivo de la economía que está llevando al abismo a la humanidad sin que a los líderes guerreristas les importe porque están convencidos de que ni a ellos ni a sus familiares les pueden alcanzar las consecuencias de sus desatinos.
Quisiéramos ser optimistas pero la cruda realidad nos golpea cada día en la cara dejando poco espacio para concebir la paz.
jpm-am


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