POR VÍCTOR DE LOS SANTOS
Durante años el cambio climático fue presentado ante el mundo principalmente como un problema ambiental. Sin embargo, los acontecimientos internacionales actuales demuestran que sus implicaciones van mucho más allá del aumento de las temperaturas, los huracanes extremos o las inundaciones.
El cambio climático se ha convertido también en un factor estratégico capaz de influir sobre la economía mundial, la seguridad energética, el comercio internacional y las nuevas disputas geopolíticas del siglo XXI.
Hace varios años, Benjamin Lieberman y Elizabeth Gordon, en su obra El cambio climático en la historia de la humanidad, advertían que las alteraciones climáticas podrían actuar como multiplicadores de conflictos, tensiones económicas y desigualdad global. Hoy, muchas de esas reflexiones parecen materializarse en medio de un escenario internacional marcado por competencia tecnológica, guerras comerciales, tensiones energéticas y una creciente lucha por el control de recursos estratégicos.
La transición hacia energías más limpias está transformando silenciosamente el tablero geopolítico mundial. El litio, el cobre, el níquel, el cobalto, el grafito y las llamadas tierras raras han pasado a ocupar un lugar estratégico debido a su importancia para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos, paneles solares, sistemas de almacenamiento energético y tecnologías avanzadas.
Las grandes potencias entienden que quien controle buena parte de estos recursos tendrá ventajas económicas, tecnológicas e industriales determinantes en las próximas décadas. Por eso, Estados Unidos, China, Europa y otras economías desarrolladas compiten agresivamente por asegurar cadenas de suministro, influencia comercial y acceso a regiones ricas en minerales críticos.

En muchos aspectos, la geopolítica del siglo XXI ya no gira solamente alrededor del petróleo. Ahora también gira alrededor de la energía limpia, la tecnología, el agua, los alimentos y la capacidad de adaptación climática.
Paradójicamente, gran parte de los países que históricamente más han contribuido a las emisiones contaminantes poseen hoy mayores capacidades financieras, tecnológicas y estructurales para enfrentar los impactos climáticos. Mientras tanto, numerosas naciones vulnerables enfrentan sequías, pérdidas agrícolas, presión migratoria, deterioro ambiental y crecientes costos económicos asociados a fenómenos extremos.
El cambio climático está revelando una realidad compleja: el planeta se calienta de manera global, pero sus consecuencias económicas, sociales y geopolíticas se distribuyen de manera profundamente desigual.
La discusión climática moderna ya no puede limitarse únicamente a temas ambientales. También involucra poder, economía, comercio, seguridad nacional y control estratégico de recursos esenciales para el futuro de la humanidad. ///
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Muy enjundioso escrito. Le felicito