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América Latina parece estar entrando en una nueva etapa política. Tras varios años en los que la izquierda y la centroizquierda dominaron buena parte del mapa regional, una serie de elecciones celebradas entre 2023 y 2026 muestran una tendencia creciente hacia gobiernos de orientación conservadora, liberal o de centroderecha.
Si se confirma el resultado que anticipan las encuestas y la aritmética electoral en Colombia, el próximo 21 de junio ese país podría sumarse a la lista. El candidato conservador Abelardo de la Espriella obtuvo el 43.7 % de los votos en la primera vuelta, frente al 40.9 % de Iván Cepeda. La candidata ubicada en tercer lugar, Paloma Valencia, con el 6.9 %, ya anunció su respaldo a De la Espriella, lo que fortalecería considerablemente sus posibilidades de triunfo.
De producirse esa victoria, Colombia pasaría a formar parte de un bloque regional integrado por gobiernos de derecha o centroderecha que hoy gobiernan buena parte del continente.
Las razones detrás del fenómeno

Aunque algunos observadores atribuyen este giro al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la explicación es mucho más compleja.
Los analistas identifican cuatro factores fundamentales.
El primero es el llamado “voto de castigo” o anti incumbencia. Los ciudadanos están castigando a los gobiernos que no han logrado resolver problemas como la inflación, el desempleo o la inseguridad. No importa si esos gobiernos son de izquierda o de derecha. Cuando la población percibe que sus condiciones de vida no mejoran, busca una alternativa.
Un segundo elemento es la creciente preocupación por la seguridad ciudadana. En numerosos países latinoamericanos el crimen organizado, las pandillas, las extorsiones y el narcotráfico han desplazado al desempleo como principal preocupación social.
Muchos candidatos conservadores han construido su discurso alrededor de la promesa de restaurar el orden mediante políticas de “mano dura”, siguiendo en parte el modelo impulsado por Nayib Bukele.
El tercer factor es el desgaste de los partidos tradicionales. Existe un evidente cansancio ciudadano frente a las estructuras políticas convencionales, lo que ha abierto espacio a figuras que se presentan como outsiders o alternativas al sistema establecido.
Finalmente, la economía sigue siendo determinante. El bajo crecimiento económico, el aumento de la deuda pública y las dificultades para generar empleos de calidad han impulsado propuestas favorables al libre mercado, la disciplina fiscal y la atracción de inversiones.
El factor Trump
La influencia de Trump es real, pero no suficiente para explicar por sí sola el fenómeno.
Su liderazgo ha servido como referencia ideológica para numerosos sectores conservadores del continente. Además, algunos candidatos han recibido respaldo político explícito de figuras cercanas al presidente estadounidense o han adoptado parte de su discurso sobre inmigración, seguridad y lucha contra el narcotráfico.
El propio De la Espriella ha manifestado públicamente su admiración por Trump y ha planteado una estrecha cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad.
Sin embargo, el giro regional comenzó antes de las elecciones estadounidenses de 2024. Las victorias de Javier Milei en Argentina y de Santiago Peña en Paraguay ocurrieron en 2023, cuando aún no se había producido el retorno de Trump al poder.
Por ello, numerosos especialistas consideran que Trump acelera una tendencia ya existente, pero no la origina.
Un nuevo mapa político
Entre 2023 y 2026, la mayoría de las elecciones presidenciales celebradas en América Latina han favorecido a candidatos de derecha o centroderecha.
Entre ellos destacan Santiago Peña en Paraguay, Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador, José Raúl Mulino en Panamá, Nayib Bukele en El Salvador, Luis Abinader en República Dominicana, José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz Pereira en Bolivia, Nasry Asfura en Honduras, José Jerí en Perú y Laura Fernández en Costa Rica.
Mientras tanto, la izquierda ha mantenido posiciones importantes con Claudia Sheinbaum en México, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Yamandú Orsi en Uruguay y Bernardo Arévalo en Guatemala.
¿Cambio ideológico o reacción ciudadana?
La gran interrogante es si América Latina vive una transformación ideológica profunda o simplemente una reacción coyuntural de los electores frente a los problemas que afectan su vida cotidiana.
La evidencia parece indicar que el principal motor del cambio no es una adhesión doctrinaria masiva a la derecha, sino una combinación de frustración económica, inseguridad creciente y desconfianza hacia las élites políticas tradicionales.
En otras palabras, más que un triunfo de una ideología específica, podría tratarse de una manifestación del descontento ciudadano.
Lo que sí parece claro es que el péndulo político latinoamericano ha vuelto a moverse. Y si Colombia confirma la tendencia el próximo 21 de junio, el mapa político regional mostrará con mayor nitidez una nueva mayoría conservadora en el continente, aunque las grandes potencias económicas de la región —Brasil, México y eventualmente Colombia si el resultado fuera distinto— continúen siendo un importante contrapeso dentro del escenario latinoamericano.
jpm-am
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