Fabulista es una persona que sabe escribir fábulas, que es una narración de sucesos ficticios, en prosa o en verso, la cual suele encerrar una enseñanza moral. Un fabulador es alguien que inventa cosas fabulosas, que, por supuesto son fingidas e irreales. El adjetivo fabuloso se aplica a lo fantástico, increíble o imaginario.
El señor Abel Martínez, un aspirante presidencial, no es fabulista -se precisa de otra hechura- pero es fabulador, lo cual suele combinar con el descontrol verbal, condición que le es muy propia. Martínez habla como el escudero de don Quijote, a quien su jefe advierte: “No es bueno, Sancho, dar tanta libertad a la lengua”.
Para restar mérito a una disposición del Presidente respecto de producir maíz y sorgo, el fabuloso aspirante presidencial declaró: «… vamos a preparar desde República Dominicana, a partir del 2024, más de cien millones de tareas de tierra, para que el dominicano pueda cultivar y los productos puedan llevar a la mesa del dominicano a buen precio».

Se le ha recordado a Martínez que el territorio nacional solo cuenta con 48.442 kilómetros cuadrados. Al convertir 100 millones de tareas de tierra a metros cuadrados, el resultado supera por mucho la superficie del país, los cien millones de tareas equivalen a 62,860,000,000 metros cuadrados. Iguales a 62,860,000 de KM2.
Leído bien, esto es: sesenta y dos mil ochocientos sesenta millones de metros cuadrados. Esa es la dimensión de la hacienda a utilizar por el fantástico gobierno de Martínez en la siembra de alimentos. Vale decir, que el territorio dominicano cabe más de un millón de veces en el fabuloso sembradío del aspirante presidencial.
Para tener éxito en ese propósito tan elevado, Martínez necesitará el auxilio técnico de su homólogo El Penco I (¿Gonzalo es que se llama?), de quien evidentemente ha aprendido matemáticas, agrimensura y topografía. Probablemente, el fabuloso plan Martínez conlleve utilizar todas las tierras hábiles del planeta.
Así son los extravagantes planes del fantástico aspirante presidencial Martínez. Y así habla la gente que carece de propuestas y hace campaña a partir de fantasías y torpezas. Como de inventos se trata, procede pensar que este proyecto de siembra demandaría añadir varios pisos a nuestro país.
Que alguien le aconseje reducir el plan de los cien millones de tareas a un territorio de 145,326 kilómetros cuadrados, equivalentes a tres veces la dimensión de nuestro país. Para ello bastaría con agregar dos pisos a nuestro suelo. De este modo, el país del primer piso se alimentaría de la inmensa producción de los otros dos.
jpm-am


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