De Balaguer a Abinader (OPINION)

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

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Como paradoja de la vida, en 1994 gobernaba en Estados Unidos el Partido Demócrata, ahora 2023, también gobiernan los demócratas.  En ambas ocasiones desde allá, la ONU y otras potencias extranjeras pusieron en práctica presiones, chantajee, extorsiones y puñaladas traperas para que la República Dominicana permita en su territorio campos de refugiados, comparta con Haití su presupuesto nacional y entregue a los haitianos la mitad de su soberanía.

En 1994 gobernaba el fenecido líder reformista Joaquín Balaguer y hoy nos dirige Luis Abinader. El primero,  conservador y republicano;  el segundo liberal y socialdemócrata.  Ambos lideres, adornados con un alto sentido patriótico y dominicanista, rechazaron categóricamente esas presiones malsanas externas para que aceptáramos la unificación de la isla con los haitianos, cargando con ello su atraso, su odio visceral,  mañas,  crímenes y  satanismo.

En ambas oportunidades los dos lideres han obrado con alta conciencia patriótica, compromiso con nuestra identidad nacional y en consonancia con el sentir de la gran mayoría del pueblo dominicano.

Por consiguiente, no me cabe duda o temor de que el actual mandatario, el presidente Abinader, no se apartará de su firme proceder en defensa de nuestra soberanía y orgullo quisqueyano, porque esas virtudes y filosofía de vida, las lleva en la sangre.

Y, también, porque el presidente Abinader y los buenos dominicanos, como él, sabemos que las agencias internacionales y algunas potencias extranjeras nos quieren tirar en el patio, las calamidades haitianas, para luego sacarnos los pies, cuando los problemas se agranden aquí o lleguen a la gran confrontación fratricida. Ellos ni cavarán las tumbas ni enterrarán los muertos.

Además, porque el presidente Abinader sabe de sobra que nuestra soberanía y dignidad nacional están puestas a su resguardo, y que el liderazgo político se forja, se ejercita para el bienestar colectivo, y se preserva limpio y fuerte para proyectos y desafíos futuros.

Afirmo, a todo pulmón, que el pueblo dominicano debe estar tranquilo y seguro de que el presidente Abinader no se convertirá en el sepulturero de nuestra soberanía y orgullo dominicanista .

sp-am

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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