El posicionamiento de un candidato en la preferencia electoral, no es una casualidad. Se trata de un trabajo estratégico de especialista en la materia, que fríamente tracen las líneas a seguir para lograr este objetivo.
Para estructurar una campaña política se plantea como fundamento principal el dar respuestas a los reclamos y necesidades de aquellos que ocupan el espacio sociológico en la que se focaliza la misma. La vertiginosidad con que vive hoy nuestra sociedad, obliga a que cualquier campaña mercadológica que se presente no sea compleja.
La simplicidad se impone para que el mensaje llegue sin ninguna confusión.
El mensaje para que sea efectivo requiere de: instantaneidad, espectacularidad, fragmentación, que sea asimilable y digerido por los votantes con el mínimo esfuerzo.
La gente no siempre vota por discursos maquillados, sino por la identificación que el mensaje transmite y la conexión con los valores propios y con los que se supone posee su candidato.
Estas cualidades deben ser olfateadas por un buen estratega.
Si bien es cierto que un partido político es la institución requerida en el sistema democrático para alcanzar el poder, un estratega es el aliado fundamental para este propósito.
Barack Obama, por ejemplo, dio en el blanco cuando seleccionó como director de campaña a David Plouffe. La noche del cuatro de noviembre del dos mil ocho lo consideró como el héroe no reconocido de su campaña. Señaló que Plouffe construyó la mejor campaña política que se pudiera registrar en la historia de los Estados Unidos de América.
Ciertamente Plouffe, fue el arquitecto de la memorable campaña de Obama. Diseñó el camino que condujo a un negro en llegar por primera vez a la casa blanca. Esa noche de noviembre en la que Obama se proclamó vencedor, le alzó los brazos y se confundieron en un emotivo abrazo.
Este estratega electoral, nacido en 1967, estudió ciencias políticas en la universidad de Delaware. Su visión de fino estratega le permitió ver con claridad meridiana que la adversidad en política no es absoluta sino relativa, y que esta puede revertirse cuando se usa el tacto y el talento.
Lo que ocurrió en Iowa, un estado donde el 95% de la población es blanca le dio la razón. En este estado se produjo lo inesperado: la victoria del primer candidato negro.
El martes 20 de enero del 2009 Barack Obama juró como el cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos, y poco tiempo después David Plouffe, decidió relatarnos ampliamente toda esa experiencia en su libro The Audacity To Win (“La audacia de ganar”), un libro recomendado para políticos, estrategas, y para todos los que se interesen en conocer las interioridades de una exitosa campaña política.
jpm-am


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